September 26, 2003

Recordemos a Nuestros Héroes Militares

Por: Ruben González Fierro

La Medalla Congresional de Honor es el homenaje militar más alto dado por el gobierno estadounidense a miembros de las fuerzas armadas, ya sea sobrevivientes o fallecidos, que se distinguieron por sus acciones heróicas en el campo de batalla. Recordando años pasados, se puede contar con certeza  que no se va a elogiar a héroes hispanos en años venideros en el Día de Conmemoración de los Muertos en Guerras (Memorial Day) en ceremonias públicas o en programas de televisión. Jorge Mariscal  ha escrito extensamente sobre este tema en La Prensa y en la Internet. ¿A qué se debe? Podríamos generalizar la razón y culpar al racismo que ha existido desde tiempo inmemorial en contra de la gente hispana, incluyendo a nativos americanos y probablemente le pegaríamos al blanco.

Durante la Segunda Guerra Mundial, hubo el caso del héroe mexicano, el Sgto. Macario García, al cual se le negó servicio de restaurante en Richmond, CA, y a la familia de otro héroe ya fallecido, se le prohibió tener velorio en la funeraria en su poblado de Texas. Afortunadamente,  las historias de acciones heróicas de todos nuestros combatientes, se preservan en registros nacionales y de asociaciones de veteranos hispanos. Varios de ellos se han sepultado en sitios de honor en cementerios militares.

Se sabe a través de documentos oficiales, por ejemplo, que durante la Guerra Civil de EE.UU., hubo combatientes hispanos en ambas facciones, la Unión y la Confederación. En el lado de la Unión, dos hispanos merecieron la Medalla de Honor, y el grupo más notable hispano fue un batallón de  450 combatientes californianos de caballeria, coman-dados por el Mayor Salvador Vallejo. Pero el más conocido oficial hispano en esa guerra fue el Comodoro David Farragut de ascendencia española. Combatiendo por la Confederación, el Col. Santos Benavides de Laredo TX fue el mexicoamericano de más alto rango.

Durante la Primera Guerra Mundial sólamente hubo un medallista mexicano. La participación de los EE.UU. en ese conflicto fue corta. En esa guerra  entre 370,000 y 400,000 mexicanos participaron, incluyendo voluntarios sin ciudadanía que se ofrecieron para la infanteria de marina, los paracaidistas y el cuerpo de tanques, además del ejercito. En ese conflicto, 12 soldados mexicanos recibieron la Medalla de Honor y varias unidades militares sirvieron con distinción, sufriendo altas, bajas y viscisitudes en Italia, las Islas Filipinas (en la Marcha de Bataan) y en la campaña del Pacífico. Durante la acción policíaca de Korea, así designada porque no fue una guerra formalmente declarada, 9 mexicanos y un portorriqueno recibieron la medalla, y finalmente en Vietnam, 13 mexicanos y 3 por-torriqueños se la ganaron.

Aunque en una mucho escala menor, no hay que olvidar la contribución de los combatientes de ciudadanía mexicana en 1945, durante la campaña del Pacífico. Los Presidentes Avila Camacho de México y  Roosevelt  de los EE.UU. acordaron a que México participara unido a las democracias  en la guerra contra las potencias fascistas. A pesar del gran interés del Presidente Avila Camacho de que México participara en una mayor escala, sólamente un escuadrón previamente modernizado de la Fuerza Aérea Mexicana entabló combate durante la guerra en el Pacífico. Este fue el Escuadrón de Combate  201, apodado “Las Aguilas Aztecas”, cuyos pilotos volaron sus  aviones de caza Rayos  P- 47 (Thunderbolts) valientemente en 1945 en combates aéreos sobre las Islas Filipinas después de haber recibido entrenamiento adicional en Texas hasta enero de 1945. Las misiones incluyeron el bombardeo en picada (dive bombing) de  tropas  japonesas para apoyar la dficultosa liberación de las islas por las fuerzas armadas norteamericanas y filipinas.

Los EE.UU., México y las Islas Filipinas decoraron a los 31 pilotos y los 150 miembros del equipo de mantenimiento y sostén del Escuadrón 201. De los 32 pilotos, 7 murieron en combate, y ellos junto con su personal de sostén, merecen ser reconocidos como héroes por México y los EE.UU.

También hubo un número incalculable de mexicanos  que no han sido reconocidos, particularmente aquellos que tenían familiares en los EE.UU. y que cruzaron la frontera en alto número para servir en todas las ramas militares de los EE.UU. Hasta ahora no se sabe exactamente cuantos voluntarios sucumbieron en combate. La ciudadanía se les otorgó automáticamente a los que sobrevivieron si la deseaban. Sin embargo, a través de los años, muchos veteranos mexicanos regresaron a México a pesar de ser ciudadanos.

Con respecto al conflicto presente en Irak, no solamente hay un alto número de soldados mexicoamericanos combatiendo, pero tambien hay muchos inmigrantes documentados hispanos. La guerra en Irak ha hecho resaltar las dificultades de los inmigrantes legales que son soldados en el ejército de EE.UU. sin contar con la ciudadanía. Mientras estos soldados corren un alto riesgo de morir en combate por su país adoptivo, no tienen derecho a votar, ni a ocupar puestos de alta responsabilidad como oficiales, ni a tener una carrera militar que exceda a 8 años.

Según los cálculos más recientes de las fuerzas armadas, aproximadamente 38.000 soldados no son ciudadanos. Un porcentage desproporcionadamente alto en la infantería son hispanos. Una de las primeras bajas de la guerra fue José A. Garibay, un inmigrante guatemalteco del condado de Orange y José G. Suarez del Solar, un mexicano de Escondido que eran miembros de la Infantería de Marina. Hasta ahora muchos más soldados hispanos sin ciudadanía han dado sus vidas en una guerra que parece ser injustificada. Como muestra de gratitud, el gobierno de Estados Unidos  otorgará la ciudadanía a aquellos inmigrantes que fallezcan en combate. Esta es la primera vez que este honor se ha hecho de una manera póstuma.

Los hechos que se han descrito hasta aquí destruyen completamente la sospecha que se propagaba hasta tiempos recientes de que a los mexicanos no se les podía confiar a participar en guerras de EE.UU. En contravención de esta falsedad, uno podría preguntarse: ¿Qué podemos ofrecer, más soldados en exceso de la cantidad ya desproporcionada de hispanos en la infantería, con una probabilidad más alta de morir? ¿De qué otra manera podríamos demostrar el patriotismo a nuestro país adoptivo, o de origen, cuando en comparación con la proporción de hispanos en la población, más hispanos han recibido la Medalla de Honor que ningún otro grupo étnico? Si los Anglo-Americanos no conmemoran el esfuerzo máximo hecho por nuestros compatriotas de aquí y de México, nosotros sí lo hacemos con gusto en este mes de celebración del patrimonio hispánico.

¡¡La Raza no se raja!! —¡¡Vivan nuestros héroes militares!!

Return to the Frontpage