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Por Javier Sierra

Un Dulce Soplo de Aire Fresco Llamado Sammy Sosa

Hace años, San Pedro de Macorís prosperaba gracias a la dulce savia de la caña de azúcar. Pero hoy, esa ciudad del noroeste de la República Dominicana bebe el trago amargo de una economía devastada y una pobreza rampante. San Pedro de Macorís viaja en dirección opuesta a quien hoy es su hijo más ilustre, Sammy Sosa, jugador de los Cachorros de Chicago y uno de los tipos con más clase que han aparecido en las páginas de los periódicos en los últimos años.

Sosa se encuentra hoy a sus 29 años en la cúspide de la fama. Ya ha superado el récord de más jonrones en una temporada y compite mano a mano con el primera base de los Cardenales de San Luis Mark McGwire en la carrera para establecer la nueva marca. Es además un hombre muy rico. Tiene firmado un contrato con su equipo por cuatro años y $42.5 millones. Pero para llegar a este cielo, tuvo que pasar primero por el purgatorio.

A los 7 años, quedó huérfano de padre. Para ayudar a mantener a su madre y cinco hermanos, recorría las calles lustrando zapatos y lavando autos. Al igual que cientos de sus paisanos, pronto se dió cuenta que sólo había un escape a esta vida de miseria: el béisbol.

Y un buen día, en 1985, decidió presentarse a una prueba que organizó un cazatalentos de los Rangers de Texas llamado Omar Minaya. El joven Sammy no impresionó a nadie en su viejo uniforme prestado y sus zapatos agujereados. Pero en cuanto comenzó a sacar bolas del destartalado campo con sus poderosos batazos, Minaya se dió cuenta que delante tenía a un diamante en bruto y le ofreció un contrato por $3,500.

Sammy aceptó, y sólo tres años más tarde —con el dorsal 21 a la espalda en honor del gran Roberto Clemente— ya era jugador de las grandes ligas. En 1992 fué contratado por los Cachorros, pero nunca llegó a convencer como gran figura de este deporte. Incluso durante sus años menos brillantes, llegaron a darle el apodo de "Sammy So-So" (Sammy el Mediocre).

Hasta este año, en el que su talento y su poderío físico estallaron en una de las actuaciones más especta-culares en la historia de este deporte. Es candidato claro para el título de Jugador Más Valioso de la Liga Nacional, es la gran estrella de un equipo en busca de un puesto en las finales y en su increible carrera con McGwire, desde el 11 al 13 de septiembre pegó sus jonrones 59º, 60º, 61º y 62º, superando por uno el mítico récord del Roger Maris.

Sus asombrosas habilidades deportivas, sin embargo, no son las que realmente traen a Sammy Sosa a estas páginas. En su humildad, su caballerosidad, su clase y sobre todo, su enorme corazón que para mi lo convierten en el atleta del año.

Nunca olvidó a los que se quedaron en el purgatorio. Su familia, en especial su madre, goza de todo tipo de lujos. Casi todas las computadoras que existen en las escuelas públicas de la República Dominicana son donaciones suyas. Otro de sus programas ha entregado juguetes a más de 7,000 niños necesitados de todo el mundo, lo que le ha ganado el sobrenombre de "Sammy Clause". Buena parte de sus horas de ocio las dedica al Hospital Infantil Wryler de Chicago. Los domingos en los que se juegan partidos en el estadio de los Cachorros se llaman "Días Sammy" porque regala boletos a niños que sólo pueden soñar con entrar en el Wrigley Field.

En su rivalidad con McGwire es donde Sosa deja más patente su clase. Cuando McGwire rompió el récord de Maris en San Luis, contra los Cachorros, Sosa no se cansó de aplaudir. Después de un largo abrazo, Sosa apuntó a su rival con el dedo y acto seguido se dió dos golpes en el corazón como diciendo "Aquí te llevo".

Mientras vivimos la amargura del peor escándalo político en décadas, la personalidad deportiva y humana de Sammy Sosa lo hace todo un poco más dulce.

Hay miles de héroes anónimos que como Sosa hacen de este mundo un lugar mejor para vivir. Llámanos gratis al 1-888-SU-RADIO, es decir 1-888-898-2346 y cuéntenos quien es el héroe de su comunidad. Quizá podamos compartir sus hazañas con el resto del país.

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