
September 18, 1998
Por Dan Glickman,
Secretario de Agricultura de los EE.UU.
¿Alguna vez te has detenido a pensar cómo es posible que los anaqueles en los supermercados siempre estén repletos? Todos sabemos que la mayor parte del crédito le corresponde a los agricultores estadounidenses. Pero como la mayoría de nosotros se encuentra lejos de la realidad agrícola, a menudo no podemos entender en su totalidad los retos que tienen que sobrepasar los hombres y mujeres en la agricultura todos y cada uno de los días para proveernos de tanta abundancia.
Uno de los retos persistentes que enfrentan nuestros granjeros es la cercana y constante presión económica para vender las tierras de sus familias a los urbanizadores. Mientras la población estadounidense aumenta, más gente se aleja de las ciudades para establecerse en alguna de las tierras más fértiles de la nación. Las apisonadoras (aplanadoras) pavimentan las mejores tierras agrícolas estadounidenses en una medida de 1.5 millones de acres al año. Tenemos que detener esta amenaza, y asumir una posición a favor de nuestras tierras agrícolas.
El Vicepresidente Al Gore anunció re-cientemente, mientras delimitaba su visión para un "crecimiento inteligente" de los Estados Unidos, que el Departamento de Agricultura de los EE.UU. (USDA por sus siglas en inglés) desembolsara $17.2 millones para comprar los derechos de los granjeros para proyectos de desarrollo. El dinero completará fondos de los gobiernos estatales para proteger 53,000 acres de las tierras más fértiles a través de la nación para el disfrute de las generaciones futuras. Una vez que los agricultores aceptan este dinero, hacen el compromiso de no vender sus tierras a los urbanizadores y mantenerlas para uso agrícola.
Trabajando en conjunto con el Programa de Protección de Tierras Agrícolas del USDA, programas de los gobiernos estatales y locales, y con organizaciones como el Fideicomiso para las Tierras Agrícolas Estadounidenses (American Farmland Trust), necesitamos que el Congreso invierta otros $15 millones para mantener sólido el Programa de Protección de Tierras Agrícolas. De otro modo, miles de acres de tierra fértil podrían perderse para siempre.
Además, tenemos que hacer un mejor trabajo y fijarnos no solamente en las tierras, sino también en los granjeros. Las sequías en nuestros días, los huracanes, y mercados débiles nos recuerdan que hasta el agricultor más prudente y trabajador puede perderlo todo por un acto de Dios. Nosotros, como nación, tenemos que estar junto a nuestros agricultores en los momentos difíciles.
Desde ayuda de emergencia para las cosechas, pasando por reformas a los seguros para las cosechas, hasta extender el comercio, el Presidente Clinton y yo estamos comprometidos a trabajar con el Congreso para levantar una fuerte red de seguridad económica para la agricultura. Sin ésta, los granjeros que necesitan ayuda durante una tormenta podrían ser forzados a buscar refugio en la chequera de un urbanizador (aún cuando la propuesta de un centro comercial en lo que antes fué un campo de maíz les rompa el corazón).
Durante las próximas décadas, nuestra población creciente necesitará más lugares para vivir y trabajar, pero también necesitamos un espacio amplio para cosechar nuestros alimentos.
Alcanzar el balance necesario es responsabilidad del gobierno, de los amigos agricultores, y de todos los estadounidenses. Juntos podemos ayudar para que prosperen los granjeros y rancheros, se preserven nuestras comunidades rurales y vastas extensiones de paisaje, y asegurar un país capaz de proveer alimentos para sí y gran parte del mundo en el Siglo XXI.