September 17, 1999


¿Somos Hispanos?

Por Aleida Duran

Ensayo Breve

La miopía de ciertas miradas no puede llegar más lejos. Hispano es la silueta de un hombre durmiendo la siesta protegido por un gran sombrero; un cantador de tangos con aire sentimental y "neorrealista"; las caderas de una mulata moviéndose a ritmo de tambores en el patio de un "solar", un meregue escuchado a todo volumen en el transistor de un carro que atraviesa las calles a velocidad de Grand Prix.

Para el estadounidense medio, cuyos antepasados vinieron de quién sabe qué país europeo, todos éstos son "hispanos". Y lo mismo si es un campesino iletrado, que un poeta.

Porque ésa es su manera de mirar, no ve que hay en América, además de Estados Unidos y Canadá, 19 países con una encrucijada histórica, una problemática, una cultura diferente. Aunque todos hablen español y la mayoría comparta la fe católica.

Mientras estas personas viven en sus países de origen son mexicanos, puertorriqueños, cubanos, salvadoreños, dominicanos, argentinos, nicaragüenses. Blancos, negros, indios, mulatos o mestizos. Una vez que arriban a Estados Unidos, todos son clasificados como "hispanos".

Ya se han iniciado las labores con vistas al censo del año 2000. La mayoría no ha visto aún las planillas, pero no es aventurado conjeturar que bajo el término "raza" aparezca entre éstas, "Hispanic", para contar a aquéllos oriundos de la América situada al sur del Río Grande.

Según el concepto actualmente imperante en Estados Unidos, bajo ese término estaría incluida Rosa Majano, nacida en El Salvador como sus padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos.

"Somos indígenas", dice Majano.

Tamién estarían incluidas Graciela Pérez, nacida en Argentina, hija de emigrantes italianos, y Eulalia Wu, quien como sus padres, nació en Cuba, pero cuyos abuelos habían emigrado de China. Las tres forman parte de una muestra de 15 "hispanos" a quienes se les preguntó acerca de sus orígenes.

En toda América Latina la presencia indígena y mestiza es notable. En México, el 60% de la población es mestiza, el 30% indígena y sólo el 9% es blanca, de origen español. Perú tiene un 45% indígena, un 37% mestizo, un 15% blanco y un 3% negro, japonés y chino. En El Salvador la población blanca es solamente el 1%. En Colombia el 58% es mestizo, el 20% blanco, el 4% negro y un 4% mulato. En Cuba, el 51% es mulato, el 37% blanco, el 11% negro y el 1% chino.

A Argentina emigró una notable cantidad de ingleses, alemanes, italianos y franceses, además de españoles. Así, el 85% de su población es de raza blanca. En Paraguay el 95% de la población es mestiza, con un 5% de blancos e indios.

Las cifras expuestas anteriormente son tan sólo una muestra de lo que sucede en América Latina, cifras que revelan claramente que hay una enorme masa poblacional que no desciende de España. Por lo tanto, es incorrecto calificar de "hispano" a todos los que provienen de la América no anglosajona.

En la especie humana, una raza puede ser definida genéticamente como un grupo cuya frecuencia de genes difiere ligeramente de la de otros grupos humanos. Aunque los genes en cuestión constituyen un pequeñísimo porcentaje del total de los genes humanos.

De acuerdo con la enciclopedia de Columbia University, "el término raza es inapropiado cuando se aplica a grupos por su nacionalidad, cultura o religión. Las características mentales (inteligencia, personalidad, carácter) tampoco tienen que ver con el criterio biológico de raza".

Incluso si los factores de nacionalidad, cultura y religión formaran parte del criterio científico, los "hispanos" tampoco podrían formar una raza puesto que vienen de diferentes naciones, con culturas distintas y aunque España impuso a los nativos la fe católica, actualmente se profesan diversas religiones en esos países.

La diferenciación de las razas se realizó hace un tiempo relativamente corto. Durante el siglo XIX y principios del XX, Joseph Arthur Gobineau y Houston Steward Chamberlain atribuyeron valores culturales y psicológicos a una raza, proponiendo teorías de superioridad racial que eventualmente culminaron en las viciosas doctrinas de la Alemania nazi. Actualmente, sin embargo, los antropólogos enfatizan la heterogeneidad de la población mundial y muchos de ellos rechazan el concepto de razas dentro del género humano.

Por otra parte, en lo que a los llamados "hispanos" se refiere, probablemente el ser considerado como parte de una masa difusa, podría ser incómodo para muchos y perjudicial, sobre todo, para los niños y jóvenes.

Todos los seres humanos necesitan tener una identidad propia. Saber de dónde vienen, dónde están sus raíces, para sentirse seguros de sí mismos. Bajo el término "hispano" eso resulta muy difícil. Un niño viene de México, Colombia, Argentina, Cuba, y de pronto ya no es más mexicano, colombiano, argentino, cubano. El es "hispano". ¿Dónde están sus raíces? ¿Acaso en España? El niño, el adolescente, se siente confuso e inseguro.

Es necesario considerar que cada país tiene sus héroes (y también sus villanos), sus artistas, sus poetas, pintores, escritores notables. Un pasado y unos valores de los cuales sentir orgullo.

Chile tiene a una Gabriela Mistral, a un Vicente Huidobro, a un Nicanor Parra; los ecuatorianos a ensayistas como Juan Montalvo, autor de "Las Catilinarias", al poeta Jacinto Evia. Están Simón Bolívar en Venezuela y Harmodio Arias, fundador de la Universidad Nacional de Panamá.

Aunque no es, ni por mucho el único país de América en hacerlo, México se ha distinguido por sus grandes aportes a la cultura universal, desde la grandeza y esplendor de las culturas pre-hispánicas, hasta pintores con el talento de José Clemente Orozco ("Las Vendedoras de Flores") y Manuel Acuña, representante de la poesía romántica, Manuel Altamirano, autor de "Cuentos de Invierno", y Gutiérrez Nájera, como José Martí, precursor del modernismo, y al gran poeta y ensayista Octavio Paz, Premio Nóbel de Literatura.

Los argentinos sienten orgullo por su Jorge Luis Borges, por Eduardo Carranza y los cubanos por Martí, Gertrudis Gómez de Avellaneda, por Emilio Vallagas y José Lezama Lima, por pintores de la talla de Mijares y Wilfredo Lam. Nicaragua por Rubén Darío o un Pablo Antonio Cuadra; Puerto Rico por Eugenio María de Hostos, Evaristo Ribera, Chevremont o José Balseiro; República Domincana por Manuel del Cabral y Fabio Fiallo.

Imposible tratar siquiera de reflejar la grandeza artística, intelectual y heroica de los países de donde provienen ésos que en Estados Unidos llaman "hispanos". Sería de todos modos innecesario pues lo que se trata de mostrar es la individualidad de cada nación y la necesidad de respetar, y hacer respetar, esa individualidad. De rescatar la propia identidad.

De esa manera, por lo menos los niños, se sienten más seguros de sí mismos y, porque se respetan a sí mismos, aprenden a respetar a los otros seres humanos.

Sin embargo, si la Oficina del Censo, creadora del concepto de "hispano" para todos los que hablan español como lengua nativa, insiste en incluir a todos dentro de un grupo, nunca una raza, habría que esforzarse un poco por encontrar un nombre preciso. Quizás los muchos cerebros latinoamericanos que funcionan en Estados Unidos podrían aportar una solución.

(Reprinted from Contacto Magazine, http://www. contactomagazine.com)

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