September 3, 1999


Encienda Una Vela
Padre Thomas J. McSweeney, Director of The Christophers

Seamos Pacientes Con Dios

Al director de mis retiros espirituales le gustaba una historia que con frecuencia relataba en sus sermones. Y debo admitir que también se convirtió en una de mis favoritas.

Había una vez un granjero que con gran dedicación quitó las piedras del terreno, sacó los yuyos, le puso fertilizante a la tierra, hasta que al final produjo flores hermosas y verduras.

Un amigo del granjero, muy religioso, vino un día y observó, "qué hermoso ver lo que Dios puede hacer con un poco de tierra como ésta, ¿verdad?"

"Oh, sí", dijo el granjero, "pero hubieras visto lo que era este terreno cuando era todo de Dios".

La moraleja de la historia es que la abundancia de Dios y nuestro trabajo deben ir juntos. Sin Dios no podemos hacer nada, y sin nuestro esfuerzo y cooperación Dios no puede hacer nada por nosotros. Es verdad que la semilla viviente viene de Dios, pero también es cierto que nuestra tarea es cultivar esa semilla.

Esta es una de esas verdades inconfundibles que impresionó tanto a San Marcos, el evangelista, quien registró una parábola de Jesús que no aparece en los otros evangelios.

Dice que Jesús dijo: "Escuchen esta comparación del Reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en la tierra, y ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da fruto por sí misma: primero la hierba, luego la espiga, y por último la espiga se llena de granos. Y cuando el grano está maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha". (Marcos 4:26-29)

El granjero no es quien hace crecer la semilla: "él no sabe cómo". Sin embargo, lentamente, sin detenerse, la semilla va madurando. La semilla ya tiene en sí misma el secreto de la vida y del crecimiento.

Nadie posee el secreto de la vida. Nadie jamás ha creado nada en el verdadero sentido de la palabra. Podemos descubrir cosas. Podemos arreglarlas. Podemos desarro-llarlas. Pero crearlas —eso no podemos hacer. Ni tampoco creamos el Reino de Dios. Sin embargo, cada día, Dios cumple con su divino plan a través de nosotros. Así como hizo el granjero, podemos proteger el Reino y ayudar a que florezca y madure. Pero Dios nos dió la libertad de elegir, y es nuestra decisión —impedir sus planes o cooperar con El.

Recuerden que detrás de todas las cosas, está el poder y la voluntad de Dios. Cualesquiera sean nuestros temores con respecto a reparar el mundo por nuestra propia cuenta, pues debemos poner esos temores a un lado porque la misma fuerza de Dios es nuestro comfort.

Hace ocho siglos, San Ireneo, considerado por muchos como el primer gran teólogo cristiano, escribió: "No eres tú quien da forma a Dios. Es Dios quien te da forma a tí. Y si tú eres el producto de Dios, espera entonces la mano del artista, quien hace todas las cosas a su debido tiempo".

Sí, seamos pacientes con Dios. Y esperemos siempre con esperanza. Si vivimos con una paciencia que no desfallece, y con una esperanza que no se da por vencida, entonces todos, con la gracia de Dios, cumplieron la función que El nos ha dado en su Reino.

Así como en la semilla, la posibilidad reside en nosotros, esperando el momento oportuno.

Para obtener una copia gratis de ECOS Cristóforos S-197 "Entrégate... y deja que Dios venga a tu vida", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

Return to Frontpage