October 22, 2004

Tradiciones Mexicanas y Bajacalifornianas: Orígen y significado de los Días de Muertos

Por: Paco Zavala

La historia nos dice que desde tiempos muy antiquísimos se conocen los enigmas que encierran los misterios de la vida y la muerte, los cuales han poseído espacio y pensamientos del hombre. Las culturas que desaparecieron por causas diversas con toda seguridad, también le guardaron un respeto, un culto y una tradición a estos misterios, así como las culturas que hoy día existen sobre la faz de la tierra.

En México, el culto a los muertos es una celebración que se rinde a la memoria de estos. Los diversos rituales que así lo manifiestan reafirman estos conceptos. La visita que realizan en estos días las ánimas a sus deudos, es un acto de privilegio del recuerdo sobre el olvido, que los mexicanos valoran y veneran en gran medida y con mucho respeto.

Hace aproximadamente 3800 años que en México existen cultos dedicados a esta celebración. Hay evidencias que las celebraciones en los entierros se veían repletos de ofrendas de objetos de cerámica, que nos dan una idea de lo que esta celebración implicaba.

En el calendario Mexica existían dos meses dedicados a las festividades de los muertos. El primero de ellos era el noveno mes o fiesta de los muertecitos. El segundo o décimo mes se dedicaba a los muertos grandes (adultos) o gran fiesta de los difuntos, festividad en la que se sacrificaban a varios hombres, dándole a la celebración gran pompa, solemnidad y relevancia.

Dos de las celebraciones más importantes en nuestro país son las de: El Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos. Estos son producto de dos tradiciones culturales: la Hispana y la Indígena.

La mayor parte de los pueblos campesinos e indígenas de México, las festejan, ya que coinciden con el fin del ciclo agrícola de muchos productos, entre ellos uno de los más importantes es el maíz de temporal y la calabaza. Esta es época de abundancia en contraste con las carencias que padecen los agrícultores el resto del año.

Se trata de una celebración relacionada con el Culto a los Muertos. Es el tiempo en el que las almas de los parientes desaparecidos, regresan a las casas a convivir con sus familiares vivos. El día 1ero de noviembre es dedicado a celebrar y recibir las almas de los niños chiquitos o angelitos fallecidos y, el día 2 de noviembre es dedicado a recibir las almas de los muertos adultos o grandes. En algunos lugares se dice que el 28 de octubre es el Día de los Matados o sea de aquellos muertos en accidente o asesinados y, que el día 30 de octubre llegan las almas de los niños que murieron que no fueron bautizados y que se les llama LIMBOS.

De la tradición prehis-pánica, se dice que en el ritual indígena nahua, existían dos fiestas dedicadas al culto de los muertos: Miccallhuitontil o Fiesta de los Muertecitos y la Fiesta Grande de los Muertos. Estas fiestas además de dedicarse a los muertos, también eran propicias para dedicarlas a la agricultura. Para ello se “apercibían con ofrendas, oblaciones y sacrificios. Las ofrendas consistían en: dinero, cacao, cera, aves, frutas, semillas en cantidad y cosas de comida.

La tradición hispana dice: que en España, el culto a los difuntos, las creencias en el mas allá y la devoción a las ánimas, estuvieron inmersas en rituales importantísimos. El mes de noviembre, recibe el nombre de “Mes de las ánimas” y durante él se le rinde culto a ellas en diversas formas.

En la actualidad las festividades de Todos los Santos y Los Fieles Difuntos, producto de las tradiciones culturales, consisten en una serie de prácticas y rituales, entre las que destacan la recepción y despedida de las ánimas, la colocación de las ofrendas o también de los altares de muertos, el arreglo de las tumbas, la velación en los cementerios y la celebración de los oficios religiosos.

En la tradición de la Recepción y Despedida de las Animas. A estas se les recibe con rezos, quema de copal o incienso, repique de campanas, con palabras dirigidas por un familiar cercanos y en ocasiones con música ejecutada por violines y guitarras. Las tumbas de los difuntos deben estar limpias y adornadas, se le señala el camino a la ofrenda con petalos esparcidos de flor de cempásuchil o con velas encendidas que se colocan desde la puerta de la casa o frente al altar construído para la ocasión. Posteriormente se les des-pide con toques de campanas y cohetes.

ALTARES Y OFRENDAS DE MUERTOS.

Culto a los muertos por los grupos indígenas de Baja California.

Texto:

Existe un corte común de importancia hacia el culto de los muertos en los grupos indígenas de Baja California.

Tenemos como ejemplo a la cultura Cucapá, en donde ellos cuando alguien de un grupo moría, se acostumbraba cremar el cadáver y después incinerar todas las pertenencias del desaparecido, pero cuando moría un recien nacido, hacían un bulto con sus pertenencias y lo echaban al río.

Celebraban ceremonias luctuosas, No había fecha exacta para el festejo, pués se podían llevar a cabo hasta dos o más años, después de la muerte, concediéndosele gran importancia.

La costumbre Pai pai determina que ya que muere la persona una de las mujeres más ancianas, se pone de pie y se acerca al cuerpo tendido en el suelo, se levanta el vestido estando parada casi sobre el cuerpo y empieza a llorar, haciendo movimientos con el objetivo de elevar el alma al cielo; todo los demás integrantes empiezan a llorar siguiendo un ritmo organizado con mucho sentimiento y profundo respeto. Posteriormente se limpia y se viste el cuerpo, se coloca en el centro de la choza sobre una mesa o banca durante todo el velorio.

Los participantes se bañan con agua helada, se ahuman con chamizo blanco, con objeto de quitarse el mal humor de los espíritus, proceden a alimentarse, consistiendo su dieta por tres días en un atole de bellota, colocando una porción en el techo de la choza para que el espiritu se alimente y después, ellos lo harán.

Los parientes más cercanos no deben separarse del muerto mientras no sea sepultado, los lloros continúan, las mujeres descubren sus cabezas y una anciana les va cortando el cabello y lo amontona a un lado del muerto; momentos después se dirige a un arroyo y entierra todas las cabelleras.

Para finalizar el ritual, se carga el cuerpo en hombros, encabezando el grupo un niño cargando una cruz, ya en la fosa del muerto, se colocan todas sus pertenencias, por las cuales haya tenido mucho aprecio. En la sepultura se pone la cruz del lado de su cabeza.

Ya en casa, la choza es reducida a cenizas, los integrantes de la familia se mudan a un lugar retirado, guardando el más completo reposo, no realizando actividades cotidianas, cuchicheando sin mencionar el nombre de la persona fallecida, las pertenencias sobrantes se regalan.

El color negro en el vestido de las mujeres es señal de luto y lo usarán durante un año.

Después de tiempo se construye una nueva choza.

Otros grupos, talan como los Kimiai, Kiliwa, Cochimi e incluso Cucapás, tienen un parecido cultural en costumbres y formas, de tal manera que el ejemplo que se ofrece de los Pai pai sirve para ejemplificar estilos luctuosos entre los grupos indígenas bajacalifornianos.

Los datos anteriores correspondientes a “El Culto a los Muertos por los Grupos Indígenas de la Baja California”, se encuentran en el libro de “Memoria Cuarto Simposium de Historia Regional” de Eriberto Rengland.

OFRENDAS Y ALTARES:

La colocación de las ofrendas se realiza con varios días de anticipación. Las familias se preparan para colocar la ofrenda. Además, de los productos de su propia cosecha, tienen que adquirir alimentos, juguetes y dulces en los mercados de la región.

En algunos sitios los incensarios, candelabros y las vajillas en que se sirven los alimentos deben de ser nuevos, después de que han sido ‘Usados” por los difuntos, que regresaron, hicieron la visita y se fueron, estos pueden ser utilizados por sus parientes en la vida cotidiana.

En la mayoría de los pueblos campesinos, el 31 de octubre se monta la ofrenda dedicada a los niños o angelitos y el 1ro de noviembre se monta la ofrenda dedicada a los adultos. En la víspera de su regreso anual al mundo de los vivos. Los alimentos, las flores y los adornos varían en uno y en otro caso, ya que por ejemplo: a los niños no se les colocan alimentos picantes o alcohol y su arreglo floral es con flores blancas o colores claros y a los adultos se les colocan comidas, bebidas, dulces, licor, aguardiente, cerveza, agua, refrescos y flores de colores fuertes o de las que al difunto le gustaban, en algunos altares se colocan también las foto-grafías de los ausentes.

Las ofrendas se colocan en los altares familiares con-struídos o en mesas de uso cotidiano, los cuales se cubren con fina mantelería, papel de china picado, hojas de plátano o petate de tule, según la costumbre de cada región. Sobre los manteles se ponen los diferentes objetos de la ofrenda, floreros con diversos tipos de flores, como: Cempásuchil, moco de pavo, terciopelo, flor de obispo, mano de león, flor de todos santos, nube, gladiola, margarita, nardo, gardenia o gardenión u otras.

Los candelabros de loza negra o de color obscuro para los adultos, y de color blanco o de colores para los niños o angelitos con sus respectivas velas, sahumerios con copal o incienso.

Se ofrece también todos los alimentos que hayan sido del gusto del difunto o del niño, estos se colocan en trastes nuevos; de entre las comidas de preferencia se les ofrendan chayotes, elotes y diferentes clases de frutas, así como los platillos elaborados, entre los que destacan: el mole, tamales, calabazas en tacha, pasta de camote, arroz con leche, chocolate, atole, “gordas” (tortilla gruesa) de maíz, tortillas, calaveras de azúcar, panes de muerto (chichiliques, asi se les llama en la región huasteca, siendo unos panecillos pequeños como si fueran galletitas), que toman diversas formas y tamaño, según la región.

También suele colocarse sal y azúcar, así como vasos con agua, a veces “agua bendita”, ya que las almas llegan sedientas de su viaje del más allá a la tierra.

De igual forma se colocan bebidas alcohólicas, ya sea aguardiente de caña, tequila, mezcal, pulque o cerveza (cualquier otro licor o el de la preferencia del difunto), y si el difunto fumaba se le colocan puros, cigarros, tabaco en greña (hoja de tabaco) y hojitas recortadas del maíz o papelitos para liar o forjar cigarrillos. .

Las ofrendas se adornan y se colocan en muchas regiones del país de distinta forma, usando para ello arcos de ramas verdes, hojas de palmas u hojas o plantas de plátano, también se adornan con flores de cempásuchil y es presidida por las imágenes de los santos que son de la devoción familiar y fotografías de los parientes muertos.

En la región huasteca se coloca una tabla o un candelero colectivo con muchos agujeros y se pone en el piso y ahí se colocan las velas o veladoras encendidas para los muertos.

Al levantar la ofrenda de los adultos, por lo general el día 2 o 3 de noviembre o después, la comida colocado como ofrenda se reparte entre los familiares, compadres, amigos y principalmente entre los niños, ya que se cree que las ánimas solo tomaron de los alimentos el aroma y la esencia.

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