October 29, 1999


Cuba Vista Por Un Americano

(Conclusion)

Por Jacob G. Hornberger

El día que llegué a Cuba, en juicios transmitidos por la televisión nacional, los tribunales cubanos estaban procesando a un salvadoreño por bombazos terroristas y a cuatro cubanos por criticar el sistema cubano. La tensión podía sentirse en el aire.

Medicare y Medicaid, que es toda una abominación estatal. Nosotros los libertarianos preguntamos, `¿Por qué no eliminar estos programas y tener un mercado libre en la provisión del cuidado médico?'"

La mejor parte de mi viaje a Cuba fueron mis conversaciones con los cubanos normales en la calle. Pese a que persiste un clima de temor, si sabían que nadie los vigilaba, la gente se expresó francamente acerca del socialismo.

Cuba Vista Por Los Cubanos

Una tarde, hablo con un señor que monta en bicicleta. Me pregunta qué pienso yo del Ché Guevara (el difunto socio revolucionario de Fidel Castro, cuya imagen aparece por toda Cuba). Seleccionando mis palabras cuidadosamente, contesto que siento predilección por José Martí (el padre de la independencia cubana en la guerra contra España). El señor me sonríe.

Al preguntarle cómo le va la vida, me contesta que no tiene dinero suficiente para comprar zapatos para sus hijos. Le pregunto, "¿Qué cree Vd. de un sistema bajo el cual el Estado es dueño de todo, y todos son empleados del Estado?" Mira a su alrededor y me dice en voz baja,

"¡Mierda!"

Le pido al señor que me muestre cómo los cubanos ordinarios obtienen los comestibles. Acompañándome por las calles de La Habana, me lleva a una estación de radio, donde hay una cola de gente para recibir las raciones mensuales de comida. Cada uno lleva una libretita roja que el dependiente marca a medida que el consumidor recibe sus cinco libras de azúcar, frijoles, o lo que fuera. Empiezo a sacar fotografías, pero alguien protesta: "No se permite tomar fotos sin el permiso del administrador." Mi acompañante responde, "¿Por qué no compañero? El pueblo es el dueño de este sitio, ¿no?"

Una señora mayor (de unos 70 años de edad) me dice que antes de la revolución sus padres habían sido propietarios prósperos. El régimen castrista confiscó las propiedades de sus padres y entonces los contrató para administrarlas. Hoy día, la señora vive de una exigua pensión con su madre, y apenas tiene para subsistir. Le pregunto si tiene esperanzas para el futuro, y responde, "Estoy muy vieja para poder tener esperanzas."

Otra señora mayor —ésta de unos ochenta años de edad— vende helados. Me dice que tiene que remitir al Estado el equivalente en pesos cubanos de $200 al mes por la licencia estatal y que al final del año tiene que pagar impuestos sobre sus ingresos. Le pregunto, "¿Cómo van a saber lo que Vd. gana?" Su sonrisa expone varios dientes que faltan mientras contesta, "Sí, efectivamente, ¿cómo lo van a saber?"

Dos hombres de treinta y pico años de edad venden libros antiguos. Les pregunto, "¿Cómo saben cuánto pagar por los libros y cuánto cobrar por ellos?" Me contestan en la mejor manera empresarial, "Es nuestro giro saberlo."

Un Día en Universidad

Un día en la Universidad de La Habana, me pongo a conversar con un grupo de estudiantes sobre la vida en Cuba. Le pregunto a una joven, "¿Cuál es tu mayor sueño en la vida?" y rápidamente me contesta, "¡Tener mi propio negocio!" Yo respondo, "Pero eso es ilegal en Cuba," y me dice descorazonada, "Sí, lo sé. Pero siempre hay la esperanza." Otra joven demuestra su falta de entusiasmo en torno al Estado socialista cubano, burlándose del carné de identidad. Me dice que cuando la gente joven sale de La Habana, enseguida sintonizan las estaciones de la radio en Miami (pero no Radio Martí, la estación que opera el gobierno estadounidense, que para ellos es aburrida) para mantenerse al tanto de la música norteamericana.

Visito Trinidad

También visité el pueblo, bello pero extremadamente empobrecido, de Trinidad, que está a varias horas de La Habana. Un joven cubano (de unos 20 años de edad) se da cuenta que vengo de Estados Unidos y, después de cerciorarse que nadie nos oiga, me dice, "Soy un gran admirador de los Estados Unidos de América. En tu país, hay libertad de expresión, mientras que aquí en Cuba no. La mayoría de los cubanos quieren irse a Miami. Pero yo no. Lo que yo más quiero es ir a Nueva York para ver la Estatua de la Libertad."

Le expliqué que habemos muchos norteamericanos que queremos revivir los principios que representó la Estatua de la Libertad. Le dije que el embargo de EE.UU. contra Cuba es una desgracia para los principios de la libertad que habían hecho grande a nuestra patria. Dije que la política reciente del gobierno estadounidense, de repatriar a los refugiados cubanos a la tiranía comunista, es un insulto a los principios que animaron a nuestros antepasados. Agregué que, desgraciadamente, nuestro propio gobierno había adoptado muchos de los mismos controles, programas e ingerencias que caracterizan al gobierno cubano, incluso el embargo. Dije, "Algún día, podrás ver la Estatua de la Libertad, y espero que sea porque exista la libertad económica tanto en Cuba como en Estados Unidos, así como el libre movimiento de bienes y de personas entre nuestros países."

La Gente Cubana

Los cubanos son uno de los pueblos más sinceros y genuinos que he tenido el gusto de conocer. Cada vez que le pregunté a la gente en la calle, "¿Por qué son tan corteses conmigo, después de lo que mi gobierno le ha hecho a su patria con el embargo?", la respuesta fué la misma, y reveladora: "¿Qué culpa tienes tú de lo que haya hecho tu gobierno?" Mi visita a Cuba reforzó el odio que le tengo al socialismo, pero también me hizo enamorarme de Cuba y de los cubanos.

(Jacob Hornberger es fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation en Fairfax, estado de Virginia, y corredactor de la obra, The Case for Free Trade and Open Immigration.)

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