
October 15, 1999
Es interesante ver cómo ciertas palabras o expresiones llamativas aparecen en discursos y sermones, y durante las campañas políticas, tratando de provocar la aprobación del público. "Ser buenos custodios" es una expresión bastante usada en los últimos tiempos. Los políticos la usan tan frecuentemente como los líderes religiosos, para afirmar nuestra responsabilidad compartida de ser "buenos custodios" de la creación.
La verdad es que activistas, filósofos, científicos y santos nos han advertido generación tras generación que todos debemos ser mejores custodios individualmente y en forma colectivade los recursos que tenemos. Se espera que administremos las provisiones de tal forma que todos reciban su parte. Suena muy bueno en un discurso, pero en la realidad no es tan fácil de lograr. Por cierto, a muchos de nosotros nos resulta difícil administrar cosas porque, en la realidad, las cosas terminan controlándonos a nosotros.
Sí, las pruebas abundan: el deseo por las cosas materiales casas, autos, muebles, ropa al final termina sometiendo nuestro propio valor al valor de los objetos. Por ejemplo, los jóvenes que luchan por lograr su propia identidad son especialmente vulnerables a la envidia, y a sentirse mal si no tienen los pantalones de la marca conocida o los tennis de moda.
¿Y qué pasa con los adultos? Alrededor del cuarenta por ciento de los norteamericanos en la actualidad tienen más deudas que ahorros, sin contar bienes raíces. Hoy día, las casas son el doble del tamaño de la década del 50, aunque en ellas se alojen menos gente. Mientras en las décadas del 60 y 70 la mayoría de la gente en los suburbios se contentaba con una parrilla de carbón de diez dólares en el fondo de la casa, hoy día las ventas de parrillas alcanzan los mil millones y medio de dólares al año".
Hablar de "ser custodios de la creación" se torna en palabras huecas cuando los celos y la codicia nos empujan a vivir más allá de nuestros propios medios, y a envidiar las riquezas de otros. ¿Por qué somos incapaces de decir "suficiente"? ¿Por qué es tan fácil ser desagradecido por lo que tenemos, y poco generosos con quienes tienen menos?
En Letters to my Son: Reflections on Becoming a Man (Cartas a mi hijo: reflexiones sobre llegar a ser un hombre), Kent Nerbun escribió: "en alguna forma debemos encontrar la verdadera medida del valor de nuestras posesiones para así liberarnos de su peso sin negarles validez". Le sugiere a su hijo que se pregunte si alguna de sus posesiones lo harán una mejor persona, más generoso, más apto para hacer el bien en un mundo que pide ayuda.
Quizás al final podamos llegar a ser los custodios que Dios espera que seamos si nos damos cuenta de que no sólo somos responsables por nuestro dinero y recursos, sino también por nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestro carácter.
El obispo Joseph V. Adamec, hablando hace poco en una conferencia en Altoona-Johnstown, Pennsylvania, compartió sus reflexiones sobre el consejo de Jesucristo de ubicar nuestra cabeza en lo alto para que todos la vean. "Nunca se me ocurrió esto antes, pero cada uno de nosotros está llamado a ser custodio de la Luz que es Cristo. Usando los talentos y valores en beneficio del prójimo, vuestra luz vencerá la oscuridad de la codiciada y la envidia, y hará este mundo más brillante".
Mis amigos, en su mundo, el prójimo necesita ansiosamente de lo que ustedes tengan para dar. No sólo de su dinero, sino también de su mente comprensiva y su corazón bondadoso. Seamos custodios de la luz de Cristo.
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