October 1, 1999


Un manifiesto de las camareras de hotel: por qué 15 habitaciones son demasiadas

(Nota del editor: Puede ser que trabajen fuera de nuestra vista, pero están decididas a hacerse visibles. Las camareras de habitaciones de hotel en San Francisco —donde el turismo es la industria número uno— están preparadas para hacer huelga si los empleadores no reducen su carga de trabajo diaria.)

Por Consuelo Barrera
PACIFIC NEWS SERVICE

SAN FRANCISCO — Mientras me siento, sesión tras sesión, en las reuniones para negociar nuestro contrato, quedo cada vez más convencida de que los limpiadores de habitaciones vamos a ganar un cambio. Los hoteles sindicados reducirán una habitación de nuestra cuota: les va a costar, pero van a hacerlo.

Lo sé porque, simplemente, no vamos a seguir trabajando del modo en que lo hemos hecho. Nos estamos haciendo daño. Algunos de nosotros necesitamos cirugía.

Y vamos a ganar porque somos fuertes. Aquellos que estamos en el comité negociador sabemos cómo pelear. Y una mayoría dentro de los ocho mil miembros de las bases de Empleados de Hotel y Empleados de Restaurante Local 2 votó por ir a la huelga.

Estaremos en la línea de piquete incluso aunque sólo tengamos frijoles para comer. Tengo los frijoles listos. Los carteles para el piquete y las banderas azules y amarillas están listas también.

Tenemos diferentes maneras de pelear. Mi lugarteniente, Veneranda Acosta, también limpia habitaciones. Ella es incluso más bajita que yo —y a mí me llaman pulga.

Las dos trabajamos juntas para resolver los problemas de nuestros compañeros de trabajo. Veneranda investiga los detalles —después de 20 años en el oficio, ella sabe incluso cómo debieran trabajar los encargados.

Yo soy el puñetazo.

No todos nuestros miembros tienen fuerza para pelear. Los encargados se llevan por delante a los más débiles —en mis 22 años en el Sheraton de Fisherman's Wharf jamás les he dejado que me hagan eso. Soy del tipo de las que cometen desobediencia civil con mi sindicato: en el día del trabajador, 83 de nuestros miembros fueron arrestados junto a 64 simpatizantes, por bloquear el tráfico frente al hotel Saint Francis para protestar por las condiciones de trabajo en los hoteles. Siempre, desde que era adolescente en El Salvador, me ha gustado la acción.

No tengo miedo de los encargados porque sé que sin éstas, mis manos pequeñitas ellos no comen, los huéspedes no pueden descansar, y ningún otro departamento en mi hotel puede funcionar. Y los encargados recuerdan el dinero que perdieron en la huelga general de San Francisco en 1980.

Cuando hicimos huelga en 1980, el trabajo no era tan duro como lo es hoy. En ese entonces limpiábamos 16 habitaciones, todas con dos camas dobles.

Teníamos que encargarnos de nueve toallas, seis sábanas, cuatro sobres, dos postales, una barra de jabón y champú. Nuestros supervisores ayudaban también: cuando llegábamos a trabajar, nuestras cosas estaban listas.

Ahora hacemos 15 habitaciones, pero tenemos mucho menos tiempo para cada habitación. Vea, a medida que la competencia se hacía más difícil, los hoteles nos iban apilando cada vez más cosas que hacer.

En la actualidad, cada habitación tiene doce almohadas, doce toallas, lociones, un cepillo de dientes, enjuague para la boca, crema de afeitar, una bata de baño, una plancha y tazas de café. Algunas veces nos tocan camas plegables y camillas.

Ahora nosotros ayudamos a los supervisores: vamos a la computadora para reportar que la habitación está lista. Nos ocupamos de nuestros propios artículos. Revisamos las luces, las alfombras, los neceséres y los artefactos del baño para ver si se necesita algún recambio.

La edad promedio de las camareras de hotel es de 40 años. Yo con 57 soy vieja, aunque hay muchas más viejas que yo limpiando habitaciones. Para poder limpiar nuestras habitaciones a tiempo, las más viejas no comemos nuestro almuerzo ni tomamos descansos. Una de las mujeres que trabaja conmigo tiene 68 años. Es china, y se levanta a las cinco de la mañana para llegar al trabajo a tiempo. Apenas puede terminar sus habitaciones para las cinco de la tarde.

Yo peso 105 libras. El carro de ropa blanca que empujo, con todos esos artículos, pesa 200 libras. Con mi otra mano llevo el balde con botellas de Windex. Corremos y empujamos los carros sobre una superficie de alfombras mullidas -es muy estresante. La tensión a menudo conduce a accidentes. Muchas de mis compañeras de trabajo tienen tendonitis. Se quejan de dolor en las manos, las muñecas, las rodillas —especial-mente las rodillas— y las caderas y los brazos. De noche nos duele la espalda. Una de mis compañeras filipina dice que en la noche tiene tanto dolor que no soporta que su marido la toque.

Yo... a mí me duele el enojo.

No quiero que mi hija de 22 años se entere. La crié sola, y se supone que tengo que ser fuerte, pero tengo un dolor constante que me baja por la espalda. Mis dedos están torcidos y mis manos me duelen de tanto tirar las sábanas para que queden tirantes.

Esas sábanas tienen que estar tirantes. Esa es mi profesión. No todo el mundo puede limpiar una habitación bien. Me gusta terminar una habitación, y luego abrir la puerta y contemplar un trabajo bien hecho. Me da satisfacción.

Al final del día, pienso en esta señora china que apenas puede terminar sus habitaciones. Cuando llegue el momento, si los encargados se rehusaran a aliviar nuestra carga de trabajo, la acompañaré hasta fuera del hotel y le haré saber que es tiempo de que hagamos huelga.

(Consuelo Barrera es miembro del comité negociador de Empleados de Hotel y Empleados de Restaurante Local 2 y ha limpiado habitaciones de hotel por más de 20 años.)

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