November 20, 1998


Encienda una Vela
Padre Thomas J. McSweeney, Director de The Christophers

Encontrando Paz en Medio del Dolor

"Después que falleció mi hermano me pregunté si el dolor alguna vez desaparecería", dice Amy Hodgez. Josh había sido su héroe y, para cuando Amy comenzó la escuela secundaria, su "atractivo y divertido" hermano, 16 años mayor que ella, era con quien ella contaba. Josh fué asesinado cerca de una bomba de agua abandonada en un campo de cereales, no lejos de la casa. Y durante tres años Amy no quizo saber ni cómo ni por qué había ocurrido, evitando hablar del tema y manteniéndose alejada de la investigación del homicidio y del juicio. Pero recordando la forma en que negó su dolor, y recordando también los esfuerzos de su familia para ayudarla, Amy ahora se da cuenta de cómo había aumentado la intensidad de su angustia.

Pero con el apoyo de una amiga, comenzó a visitar a un consejero que la ayudó en el largo proceso de aceptar su miedo y su dolor. Dice Amy, "Nunca me permití sentir dolor o rabia, no sabía cómo manejar mis emociones. A pesar de los esfuerzos de mi consejero, no podía permitir que Dios me ayudara a sobre\llevar el dolor. No me sentía conectada con Dios ni podía rezar".

Pero con el tiempo, poco a poco, Amy dejó que sus emociones salieran a la superficie, mientras se informaba sobre los detalles del juicio publicados en viejos periódicos. Hizo preguntas y, aunque no encontró muchas respuestas, fué ganando la fuerza. Por fin había llegado al punto donde pudo reconocer su dolor, y la forma extrema y desesperada en que lo había negado hasta ese momento. Y finalmente, con angustia y desasociego, rezó: "Dios, por favor ayúdame".

"Después de un largo tiempo de silencio", dice Amy, "sentí una paz indescriptible". "Luego lloré, pero esta vez no eran lágrimas de dolor oculto, sino de desahogo".

La muerte de un ser querido viene en distintas formas—la esposa o esposo, los padres, el suicidio de un amigo. Cualquiera sea la forma en que llega, la muerte de un ser querido trae consigo un impacto devastador para el cual nadie está preparado.

Después de tan terrible pérdida no es raro que dudemos del amor de Dios, y que nos preguntemos qué clase de Dios puede permitir tremenda tragedia. Si la fe fué tan reconfortante hasta entonces, perderla en el momento que más la necesitamos puede ser devastador. Sin embargo, he podido ver que la mayoría de la gente se da cuenta que, con el tiempo, la fe no sólo se recupera sino que es más profunda y vital que nunca.

Dos semanas antes de fallecer de cáncer, el cardenal Joseph Bernardin escribió en su libro `El Don de la Paz': "Lo que quisiera dejar con ustedes es una simple oración con el deseo de que todos encuentren lo que yo he encontrado—el regalo especial de Dios a todos nosotros: la paz. Cuando estamos en paz podemos ser quienes realmente somos, aún en los peores momentos. Nos vaciamos de modo que Dios puede trabajar más profundamente dentro de nosotros. Y nos convertimos en instrumentos en manos del Señor".

La pena es quizás la única experiencia humana en la cual el dolor y la rabia son las únicas emociones que quedan en lo más profundo de nuestro ser. A veces nos aferramos a estos sentimientos agonizantes como si fueran nuestra única conexión con el pasado. Pero cuando llegamos a ese punto donde podemos, honestamente y totalmente, entregárselos a Dios, estén preparados—porque se sentirán llenos de una paz que nadie les podrá quitar.

Para obtener una copia gratis de ECOS Cristóforos S-197 "Entrégate... y deja que Dios entre a tu vida" escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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