November 18, 2005

La fotografía de Ingrid Hernández: Registros fotográficos de la realidad tijuanense

Por Luis Alonso Pérez

Para Ingrid Hernández existe una línea muy delgada entre los espacios públicos y los privados. Al haber crecido en el restaurante de sus padres, desarrolló la idea de considerar los espacios públicos como propios. Para Ingrid, las calles de Tijuana son un espacio público que le pertenece y que le apasiona registrar con el lente de su cámara.

Su amor por la fotografía y por su ciudad, catalizado por lo que denomina una “adicción a la dinámica del desenfreno” han motivado a Ingrid Hernández a salir a la calle en búsqueda de entornos nuevos y caóticos, en los que se mueven cientos de historias que le gusta contar a través de su fotografías.

Ingrid ama su trabajo, en particular encuentra una gran satisfacción al entrar en ambientes desconocidos, alejados de su realidad cotidiana. “Soy muy metiche, me encanta escuchar pláticas de los demás. De niña me escondía para escuchar las conversaciones de mi mamá, me gusta mucho escuchar las pláticas entre desconocidos en el camión” comentó la fotógrafa.

Esa exploración la llevó hace unos años a colaborar en proyectos documentales en video que trataban de registrar las historias de grupos de personas en esta frontera. El primer proyecto en el que colaboró fue el documental “Maquilópolis”, producido por Vicky Funari y Sergio de la Torre, que narra las historias de mujeres trabajadoras de maquiladoras en Tijuana a través de un lapso de cinco años.


Interior de una vivienda irregular.

Este documental fue desarrollado con una metodología que le gustaba mucho a Ingrid, que consistía en un trabajo de colaboración entre el grupo de estudio y los investigadores, ya que los productores a realizar talleres para capacitar a las trabajadoras en el uso de la cámara de video, de manera que ellas mismas pudieran utilizarlo como herramienta de expresión de su realidad y registro de su entrono.

Coincidentemente esta misma metodología fue aplicada en otro proyecto de video en el que Ingrid estaba colaborando paralelamente llamado “Que Suene la Calle”, dirigido por Itzel Martínez, sobre un grupo de niñas de la calle que habían sufrido de problemas de drogadicción y que estaban viviendo en un centro de recuperación, con el objetivo de conocer la visión que tenía de Tijuana alguien que había vivido en sus calles.

El último proyecto documental en el que colaboró, aunque solamente en su etapa inicial, fue Ciudad Recuperación, otro proyecto documental de Itzel Martínez, sobre hombres que viven en un centro de rehabilitación.

Pero al mismo tiempo en el que estaba colaborando con esta producción, Ingrid ya había comenzado un proyecto de fotografía sobre el tema de la vivienda en los asentamientos irregulares de Tijuana, aquellas zonas habi-tadas en terrenos que no pertenecen a sus habitantes, los cuales en su mayoría construyen sus humildes casas con materiales de rehúso o de desecho como piezas de madera, lámina y plástico. Un proyecto que nació en sus paseos en búsqueda de lugares de la ciudad que no veía con regularidad.

Estos lugares cautivaron tanto a Ingrid que decidió desarrollar una investigación de la una colonia de este tipo llamada Nueva Esperanza, con el fin de lograr un documento que describa la cronología general del desarrollo de la comunidad a través de los testimonios de los habitantes, así como un ensayo fotográfico de los usos de los materiales para la construcción de la vivienda. Este proyecto la hizo acreedora de una beca otorgada por el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias en el 2004.

Para su investigación realizó entrevistas, historias de vida, relatos familiares y muchas horas de trabajo de campo. Con el tiempo comenzó a notar que había una relación evidente entre la migración y formas de construcción de la vivienda, ya que la gente construye sus casas de acuerdo a la forma en la que vivía en su lugar de origen y cómo lo adapta a las condiciones de esta nueva ciudad.

“En las casas ve reflejada la forma de vivir de las personas, sus deseos, no solo por su condición económica” comentó Ingrid.

Ahora Ingrid continúa su investigación de la vivienda en asentamientos irregulares, pero ahora desde adentro, ya que está desarrollando un proyecto llamado “Irregular” en el que analiza los usos de los espacios y de los objetos dentro de las viviendas.

“Algo que me gusta de ver ese pedazo de papel (fotografía) es que puedes ver esa humanidad y a esas personas que habitan el espacio, aunque no estén presentes. Para mi son paisajes que hablan de toda una forma de vivir y de la relación que tenemos entre los objetos y los espacios” comentó Ingrid.

Para la fotógrafa este trabajo es muy personal y la riqueza que se genera a través de la interacción entre ella y los sujetos de estudio es lo que más la motiva a seguir adelante. “Me emociona mucho el momento en el que les comienzo a preguntar sobre ellos, eso genera que las personas reflexionen sobre su propia vida. Eso es uno de los aspectos más ricos de todo” comentó Ingrid.

“Lo que yo hago tiene un sentido personal en mi vida y un sentido social. Cuando ves una fotografía, no estás viendo una fotografía nada más, estás viendo el producto de todo un proceso de trabajo y una visión personal, mi visión, mi percepción”.

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