November 6, 1998


Hispanic Radio Network/La Red Hispana
LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Javier Sierra

El Gran Chasco del `98

Si cualquier persona hubiera decidido apostar fuerte en las elecciones celebradas ayer (11-03-98) de acuerdo con las predicciones de los expertos, hubiera tenido que vender la camisa para pagar las deudas. Las predicciones auguraban una debacle electoral que dejaría al Presidente Bill Clinton indefenso ante los esfuerzos del Congreso conservador para enjuiciarlo. Incluso los mismos demócratas temían que el escándalo sexual —el Monicagate— que asedia a Clinton desde enero pasado les arrastraría al abismo electoral.

Pero la sorpresa ha sido mayúscula. El Partido Republicano esperaba ganar cinco escaños en el Senado. Al final el equilibrio de poder quedó tal y como estaba, 55 escaños republicanos y 45 demócratas. El conservador presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich había predicho que su partido ganaría hasta 40 escaños. Al final, y esta es la mayor sorpresa, los demócratas acabaron ganando cinco, reduciendo el control republicano de 21 a 9 representantes. Para darse una idea del fracaso republicano sólo hay que recordar que en las elecciones de medio mandato —las que se realizan dos años después de los comicios presidenciales— el partido que ocupa la Casa Blanca pierde unos 30 escaños por término medio.

La misma Casa Blanca se está pellizcando ahora mismo por creer estar soñando. Hace sólo tres días, los asesores del presidente se contentaban con perder tres asientos en el Senado y 16 en la Cámara de Representantes. Tal era el pesimismo y el temor a que los pecadillos del presidente los fuera a pagar su partido en el infierno de las urnas. Hoy el Partido Demócrata está en el cielo, al menos por un ratito. ¿Cómo es posible que los resultados finales hayan puesto en semejante ridículo a los expertos? Veamos tres razones del Gran Chasco del `98.

En primer lugar, el electorado dejó claro que está harto del Monicagate. Hasta el 60% de los votantes no sólo quieren que Clinton no sea enjuiciado por sus devaneos sexuales, sino que expresaron que el Congreso ni siquiera debería investigar al presidente. Desde que estalló el escándalo, especialmente en las últimas semanas, los sondeos de opinión repetían una y otra vez que el país estaba enfermo del Monicagate. Sin embargo, los republicanos insistieron en nadar contra la corriente. Seis días antes de las elecciones Gingrich ordenó que se emitiera un anuncio televisivo el cual pedía que se castigara a Clinton y su partido en las urnas por el escándalo. La tozudez les costó cara.

En segundo lugar, la intensa campaña de participación electoral realizada por la Casa Blanca, en especial entre los hispanos y los afro-americanos dió magníficos frutos. En lo que se refiere a los latinos, el mejor ejemplo de esta estrategia fué California, donde jugaron un papel clave, especialmente en tres triunfos demócratas. Gray Davis arrebató el puesto de gobernador a los republicanos por primera vez desde 1982. La Senadora Barbara Boxer contradijo las predicciones obteniendo una contundente reelección. Y la representante Loretta Sánchez volvió a derrotar al ultraconservador Bob Dornan, a quien de poco le sirvió haberse encomendado a la Virgen de Guadalupe.

Y en tercer lugar, el Partido Republicano llegó con la cesta vacía al mercado de ideas. Su único estandarte electoral fué el Monicagate, mientras que los demócratas ofrecieron una agenda llena de temas de gran impacto en los votantes —la refinanciación del Seguro Social, el aumento del salario mínimo, la mejora del sistema educacional y la defensa de los pacientes ante las aseguradoras médicas. En el campo republicano hubo, sin embargo, dos brillantes excepciones a este baldío ideológico. George W. Bush en Texas y su hermano Jeb en Florida triunfaron en las contiendas de gobernador ofreciendo una agenda moderada y atractiva para las minorías que se tradujo en aplastantes victorias.

El Gran Chasco del `98 nos dió una lección a todos: Jugar con la voluntad popular es apostar a perdedor.

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