November 6, 1998


Encienda una Vela
Padre Thomas J. McSweeney, Director de The Christophers

Los Jóvenes y el Suicido

Septiembre de 1993. Un día en mitad de la semana Ana Martinez, de 15 años, llamó a su madre al trabajo. "Te llamo sólo para decirte que te quiero mucho", dijo Ana. "Yo también te quiero mucho", respondió su madre. "Pero estoy un poco ocupada ahora. ¿Te puedo llamar luego?" "No, no hace falta", dijo Ana. "Voy a dormir un rato". Pero cuando el padre llegó a la casa, encontró a su hija ahorcada, colgada de una viga en el cuarto de las herramientas. Ana se había suicidado.

En Estados Unidos, el suicidio entre adolescentes ha aumentado en forma alarmante. Entre 1980 y 1995 el índice de suicidios, en niños de 10 a 14 años, alcanzó el 120 por ciento—la mayoría adolescentes norteamericanos, aunque debemos tener en cuenta que últimamente el suicidio ha aumentado entre las jovencitas latinas.

Los expertos no tienen la respuesta al problema, pero saben que muchos jóvenes piensan que no valen nada y se sienten desamparados. Algunos se rebelan para ocultar sus sentimientos, a veces con violencia. Aunque no siempre obvias, a veces hay algunas señales de advertencia que deben tenerse en cuenta: cambios en apariencia y en comportamiento, el desprenderse de objetos favoritos, depresión, intentos de suicidio, y el hablar sobre quitarse la vida. ¿Qué podemos hacer cuando un joven, o también un adulto, amenaza con suicidarse?

Tengamos en cuenta que la persona con inclinación suicida ha perdido toda capacidad de enfrentarse a una situación difícil. Cualquiera sea la causa, el suicida necesita hablar con alguien sobre sus pensamientos y actos autodestructivos, lo cual es un problema para la mayoría de nosotros, pues en general no reaccionamos bien cuando alguien habla sobre depresión, rabia o angustia. Es común sentirnos obligados a reanimarlo y quitarle las malas ideas de su cabeza. Pero así no conseguimos nada. Respuestas fáciles como "El algo pasajero", o "Te sentirás mejor mañana, después de un buen descanso", no llegan a nada.

Además, muchos de nosotros podemos sentirnos tan abrumados por el pecado del suicidio, que hasta reaccionamos con horror. "¡Si cometes suicidio irás al infierno!" Pero ese no es el momento de hablar sobre lo bueno y lo malo, simplemente diga con toda honestidad, que usted no tiene la respuesta a todas las preguntas. Usted no es psiquiatra ni consejero pero, sí, está dispuesto a escuchar.

El hecho es que quienes hablan de suicidarse se sienten aliviados cuando encuentran a alguien que no teme hablar sobre el suicidio. Conversar abiertamente sobre suicidio no hace que una persona se suicide. Precisamente, tiene el efecto opuesto: El facilitar que esa persona vuelque sus emociones en una conversación franca contribuye a que se aligere el peso del tema, del tabú. No juzgue. Ofrezca, en cambio, la esperanza de que hay alternativas. Dé su aliento pero evite promesas de mantener el secreto, y luego aconseje a la persona que busque ayuda profesional— con el médico de la familia, un psiquiatra o el consejero de la escuela. Y si la persona se niega, entonces usted mismo pida consejo sobre cómo manejar la situación.

La gente cuenta. No algunas personas, algunas veces, sino todo el mundo todo el tiempo. Aunque no lo pensemos así, Dios sí lo piensa. Nuestro Padre misericordioso quiere que cada uno de nosotros, sus hijos, nos amemos como él nos ama: "Porque tú vales mucho más a mis ojos, yo te aprecio y te amo mucho". (Isaías 43.4)

Para obtener una copia gratis de ECOS Cristóforos S-187 "Soy Alguien - Un mensaje de adolescentes para adolescentes sobre la con-fianza en uno mismo", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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