November 1, 2002

Día de Los Muertos

Por Mariana Martinez

“Para el habitante de Nueva York, Paris o Londres, la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía”.

Octavio Paz

Caminando por el mercado de dulces de la calle segunda, aprecio el arco iris de cocada, calabazas en tacha y limones rellenos, mientras considero comprarme un kilo de ciruelas. Antes de empezar la entrevista veo a un par de norteamericanos, como de sesenta años, que miran los cráneos de dulce con asombro y comentan “que grotesco”; sonrio y comprendo que no comprendan.

El origen del ahora llamado día de muertos es incierto, se remonta según algunos estudiosos hasta el año 800 a.c. en el llamado Festival de muertos, celebrado entre los aztecas durante los meses de julio y agosto, como una fiesta para celebrar el final de la cosecha de maíz, frijol, garbanzo y calabaza, que formaban parte de la ofrenda a la diosa Mictecacihuatl. Esta Diosa, reina de Chinahmictlan era la guardiana del noveno nivel del infierno, llamado Mictlan.

Algunos aseguran que la tradición del festival se mezcla con la costumbre prehispánica de enterrar a los muertos con objetos, comida y ofrendas para su viaje a la otra vida. La tradición nace de la creencia que al morir, las personas pasan al reino de Mictlán, donde tienen que estar un tiempo para después ir al cielo o Tlalocan. Para el viaje, nuestros seres queridos necesitan comida y agua para el camino; veladoras para alumbrarse; monedas, para pagar al balsero que los cruza por el río, antes de llegar a Mictlán y un palo espinoso para ahuyentar al diablo.

Todo esto, se colocaba en su tumba y en el altar de muertos, para su visita anual a los vivos, en el que se coloca copal y flores de cempasuchil para marcar el camino.

Al llegar los españoles, estas creencias fueron adaptadas al calendario cristiano y se celebran el 1 y 2 de Noviembre. El primero se celebra el Día de Todos los Santos, dedicado a los niños y el 2 al resto de las personas queridas, siendo estos los únicos días en que las almas tienen permiso para regresar a visitar a sus seres queridos. De manera que es, en realidad una fiesta de bienvenida para aquellos que se extrañan.

En algunas regiones se cree que el 28 de octubre bajan los muertos por accidente y el 30 aquellos que están el limbo por no haber sido bautizados; sin embargo estas creencias no son generalizadas.

En la actualidad, el día de muertos se celebra principalmente poniendo altares en las casas para los seres queridos de la familia- parientes, amigos, personajes públicos- pero también se tienen otras tradiciones que con el tiempo se fueron incorporando a esta festividad. Algunas familias visitan el cementerio y comen sobre la tumba, acompañados por el alma de su difunto, les llevan flores y limpian la tumba, los que pueden, acompañan la comida con un conjunto norteño o mariachi. También es popular el uso de “calaveritas”, versos dedicados a personas públicas o personajes del imaginario popular, en tono de satira o burla. Surgidos a finales del siglo diecinueve, las “calaveritas” son una muestra de ingenio que consiste en fingir que alguien está ya muerto, y según sus características o manera de vivir, burlarse de como murió: si alguien es muy coqueta se puede decir que la muerte se la llevó para besarla, o si es muy mentiroso, que la muerte lo descubrió.

El hacer calaveritas para los seres queridos, o regalarles pequeños cráneos de azúcar con su nombre es parte de la tradición que sigue viva.

La aparición de todo tipo de dulces y flores para el altar de muertos en las tiendas y puestos de la ciudad, se hace a principios del mes de Octubre, en que los dueños de las dulcerías encargan sus compras o van ellos mismos a Guadalajara, Puebla, Guanajuato o el Distrito Federal, donde viven la mayoría de los artesanos dedicados a confeccionar calaveritas y demás regalos para los muertos.

La Señora Socorro Ramirez, Doña Soco, como la conocen en el mercado Hidalgo, es hija de uno de los fundadores de dicho mercado, y la actual encargada de poner el altar común. Oriunda de Guanajuato cuenta que las compras para el altar de muertos empiezan a principios de Octubre, nomás terminan las fiestas patrias, en general se venden calaveritas, papel picado, fruta seca y de papel mache. En su puesto también vende los llamados Alfeñiques, pequeñas figuras en forma de vaca que, en Guanajuato se regala la gente para mostrar su aprecio y desear buena suerte, por el día de muertos y Alebrijes de barro para espantar al demonio, pero agrega: “mucha gente viene a pedir cosas para el altar y no sabe, no aprecia las tradiciones, cree que puede poner de todo y no sabe que todo tiene un porque y una manera de ser, uno les explica para que lo hagan bien, incluso existe musica, llamada Candenche”. —Que da miedo— agrega su hija desde atrás de la caja registradora.

Sus mejores clientes son alumnos de las escuelas, a quienes les piden cooperar para el altar de su grado; muchas escuelas incluso tienen concursos para fomentar la creatividad y que los alumnos aprecien sus raíces. Don Hipolito Márquez , encargado de una tienda del centro, recuerda que hasta hace unos años, las escuelas pedían kilos de dulces para celebrar el día de brujas, pero ahora prefieren poner altares.

En el Mercado Hidalgo también se realiza una fiesta “De esqueletos rumberos y huapachosos” que después de una misa a mediodía ofrece probaditas de pan de muerto, mole negro y calabaza en tacha a todos los participantes, que alegres intercambian calaveritas burlonas.

El señor Francisco Díaz, de la dulcería Ayala, comenta que este es uno de los años en que se han vendido mucho más dulces relacionados con el día de muertos, y que a pesar de que Halloween sigue siendo una fiesta muy celebrada en nuestra frontera, a la gente le da miedo salir a pedir con sus niños y mejor celebra una fiesta más mexicana; algunos de los puestos en el Centro cierran temprano el 31 de octubre, por miedo al vandalismo o jovenes borrachos que en otras ocasiones dañan sus tiendas.

El Señor Francisco López de la dulcería El Popo -antes Guadalupana- comenta que a partir de S-11 las ventas han bajado, y se nota sobre todo en fiestas como éstas. Muchas de las personas viviendo en Estados Unidos cruzan a comprar mercancia para sus altares, incluso algunos dueños de tiendas, vemos que muchos de nuestros clientes son estadounidenses que compran calaveritas para regalar en Halloween. Es apenas en los últimos años,en que la comunidad mexicana en E.U. ha estado muy interesada en llevar la tradición de los altares a sus comunidades.

Pero no sólo son dulces y flores lo necesario para el día de muertos; mucha gente compra también anafres, petates, ollas de barro en las cuales poner el mole o el arroz. La señora Susana Lopez de la tienda El Faro, vende sobre todo chile, fruta y hoja de platano, apenas un día antes de la fiesta, en la que las familias buscan lo mejor para ofrecer.

En la ciudad de Tijuana se acostumbra sobre todo el altar tipo oaxaqueño, pero cada una de las entidades de la republica lo va enriqueciendo con lo propio de su región o de manera más personal, con lo que le gustaba al muerto de manera que por toda la ciudad pronto se podrá ver un mosaico de estilos de toda la república.

Como en casi todas las fiestas mexicanas, la comida toma un papel principal, se tiene el pan de muertos que es redondo, azucarado y tiene pequeños pedazos de masa en forma de hueso para adornar, pero además se prepara mole, arroz, tortillas y se acompaña con tequila o aguardiente.

En el caso de los altares de ninos, en lugar de dejar comida de verdad, se acostumbra poner pequenos dulces en forma de tacos, mole o pollo, para que se divierta.

Asi, debido a un cambio interesante en la dinámica escolar, que decide dar prioridad a lo mexicano, y por el fuerte interés de la comunidad latina por sus raíces -también en Guatemala y otros países se tienen tradiciones de día de muertos- esta festividad vive una resurreccion interesante, en la que se le privilegia por sobre otras fiestas cercanas como Día de Brujas o Día de Gracias, que durante un tiempo fueron celebradas por mucha gente en Tijuana.

Esta vistosa fiesta para que convivan vivos y muertos, que en años pasados había pasado desapercibida es una vez más, parte del imaginario colectivo y resucita, como nuestros seres queridos, para visitarnos en nuestro baile diario con la muerte, una vez al año, entre copal, tamales y tambora.

“En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea”.

Canto indígena

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