
November 19, 1999
Como latinos, conocemos íntimamente el gozo de compartir las comidas con nuestros seres queridos. Sin embargo, al adaptarnos al ritmo de vida acelerado en este país, muchas veces perdemos esa hermosa y sana costumbre. Dejamos que la televisión, otras distracciones y los quehaceres cotidianos se interpongan, y acabamos por reunirnos a cenar solamente cuando es día de fiesta.
"Las comidas en familia aportan muchos beneficios", dice Janice Harwood, consejera de nutrición y asuntos de la familia y del consumidor con Extensión Cooperativa de la Universidad de California. "Al compartir estos momentos se estrechan los lazos familiares; los niños se sienten animados y queridos y, si se les escucha con atención y respeto, aprenden a compartir lo que piensan y sienten". Esto les servirá en la escuela y en otras situaciones fuera del hogar. Al conversar, los niños desarrollan las habilidades sociales que necesitarán para abrirse camino en el mundo.
Muchas veces planear una cena familiar que incluya alimentos nutritivos que a todos les agrade puede ser un desafío. Harwood brinda estas sugerencias:
Involucre a toda la familia en la preparación de la cena. Los niños pequeños pueden poner la mesa o rallar algo. Si se les enseña cómo hacerlo sin peligro, los mayorcitos pueden ayudar a picar y cocinar.
Permita que los niños planeen cada semana el menú para una cena; así sentirán que están compartiendo las decisiones sobre los alimentos en familia.
Deje que los niños le ayuden a preparar los alimentos. Deje que le ayuden a sazonar las comidas y que prueben los platillos; esto les ayudará a aprender a disfrutar de diferentes sabores y texturas.
Establezca algunas reglas sencillas: es muy importante que todos se sienten a la mesa para compartir las comidas y una conversación placentera.
Si su horario no permite que toda la familia se siente a cenar, trate de hacerlo para el desayuno. Pueden también comprometerse a pasar una velada familiar una vez a la semana, y no permitir que nada se interponga a menos que sea una emergencia.
Con regularidad, aparte una noche para una cena especial y prepare algunos platillos favoritos de la familia o pruebe una receta nueva.
Compartir las comidas en familia es buena medicina para el cuerpo y alma: Así lo hacían nuestros padres y abuelos antes de mudarse a este país. La familia entera lo disfrutará y hasta podría ayudar a mejorar el vocabulario de los niños pequeños y las notas escolares de los mayores.