March 26, 1999


La Herencia Mexicana en el Sudoeste Norteamericano

Parte II de Tres

Por Jacob G. Hornberger

PROLOGO

En febrero de 1846, la nación independiente de Texas se une a los Estados Unidos de Norteamérica, como estado nuevo. Ahora los ciudadanos de Texas son ciudadanos norteamericanos. Sin embargo, queda por resolverse un asunto difícil. México todavía considera suyo el territorio tejano, y amenaza tomar las armas en contra de la anexión de Texas, que no reconoce.

En la creencia que era su "destino manifiesto" extenderse al Océano Pacífico, anteriormente Estados Unidos había ofrecido comprar los territorios mexicanos de California, Nuevo México y Arizona por $15.000.000, oferta que México rechazó con indignación.

 

La Guerra Mexican y American de 1846

Después de la anexión de Texas, el presidente norteamericano James Polk decide enviar tropas al sur del nuevo estado. Pero los soldados no paran en el Río Nueces, que cuando el dominio español y mexicano siempre había sido la frontera meridional del territorio tejano. Texas, y ahora Estados Unidos, reclama la línea del Río Grande, más al sur. Polk manda las tropas a marchar a la zona de lo que hoy día es Brownsville, en la embocadura del Río Grande, bien dentro del territorio que México y Texas se disputan desde la revolución tejana, unos diez años antes.

México exige varias veces a Estados Unidos que quiten sus tropas del territorio en disputa. Polk no solamente se niega a hacerlo, sino que envía una fuerza naval a la costa de California con instrucciones de hacer preparativos bélicos.



Overcoming fierce resistance, Americans capture Chapultepec.

En abril de 1846, las tropas mexicanas atacan un pequeño destacamento de tropas norteamericanas al otro lado del río en Matamoros, México, que todos los días lanzan pullas a los mexicanos alzando la bandera estadounidense al sonido del pífano y tambor. Polk informa al Congreso que México ha atacado a soldados norteamericanos. El Congreso declara la guerra, y comienza la guerra con México.

Asimismo empujaron que Polk dé prueba que la zona donde las tropas fueron atacadas sea verdaderamente territorio estadounidense. Entre los que se oponen a la guerra se encuentran los autores Henry David Thoreau y Ralph Waldo Emerson, y los estadistas Henry Clay y Daniel Webster.

 

El Batallón de San Patricio

Uno de los episodios más curiosos de la guerra entre México y Estados Unidos, tiene que ver con el Batallón de San Patricio. Entre las tropas norteamericanas había un contingente de soldados oriundos de Irlanda. Al estallar la guerra, 200 de estos soldados deciden que están con el bando equivocado. No les gusta que Estados Unidos emplee su gran poderío para invadir y conquistar un país mucho más débil, país que además es católico en su gran mayoría. Desertan del ejército norteamericano y se unen al de México. Cuando el general estadounidense Winfield Scott, luego de desembarcar en Veracruz, llega a Ciudad México con sus tropas y acepta la rendición de los mexicanos, captura a los soldados de San Patricio — y manda ahorcar a 50 de ellos.

México por su parte tiene un punto de vista distinto. Hoy día hay un monumento conme-morativo que dice en español:

En Memoria De Los Soldados Irlandeses Del Heroico Batallon De San Patricio

y traducido del inglés:

En Memoria Del Capitan John Riley De Clifden, Fundador Y Liber Del Batallon De San Patricio Y De Los Hombres Bajo Su Mando Que Dieron Sus Vidas Por Mexico Durante La Guerra EE.UU.-Mexico De 1846-1848

La guerra con México termina con la rendición de México y el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848. La mayor parte de los norteamericanos la consideran apenas un hipo en el marco de la vida nacional, pero no así los mexicanos. La guerra y sus consecuencias han surtido un efecto catastrófico sobre México y el pueblo mexicano, una experiencia desquiciadora cuyo impacto sigue hasta nuestros días.

 

El Tratado de Guadalupe Hidalgo

Mediante el Tratado de Guadalupe Hidalgo, México pierde la mitad de su territorio nacional. Estados Unidos paga a México lo que le había ofrecido —$15.000.000 más la asunción de la deuda mexicana— a cambio de los territorios de California, Nuevo México, Arizona, Utah, Nevada, Wyoming, y parte de Colorado. Además, México renuncia a Texas, y la frontera internacional se establece en el Río Grande.

El tratado de paz da a los habitantes de los territorios conquistados la opción de seguir siendo ciudadanos mexicanos, o de convertirse en ciudadanos norteamericanos. La mayoría eligen la ciudadanía estadounidense. Pero algunos no están muy contentos de volverse norteamericanos. En mi ciudad natal —Laredo, Texas, sobre el Río Grande— pidieron seguir siendo parte de México. La petición no fué concedida. Un grupo de residentes de Nuevo México, se trasladaron al sur y establecieron una comunidad nueva justo al otro lado de la frontera. Unos años después, deben haberse sentido mortificados al saber que México vendió a Estados Unidos el territorio donde se mudaron, mediante la Compra de Gadsden.

Los autores Matt S. Meier y Feliciano Ribera, señalan en el libro Norteamericanos Mexicanos - Mexicanos Norteamericanos, que: "De un plumazo el Tratado de Guadalupe Hidalgo extiende el territorio de Estados Unidos hasta incluir a 80,000 personas cuya cultura se distingue no solamente de la estadounidense, sino también de la del inmigrante europeo tradicional. Sin haberse mudado, estos seres humanos se convierten en extranjeros en su tierra natal. Esta experiencia insólita conduce inevitablemente a malentendidos, a problemas y a conflictos."

"Después de la guerra, la cultura del Lejano Suroeste continúa más o menos como lo había sido bajo el dominio de México. La reacción popular a las condiciones nuevas fué mixta; algunos la aceptan, otros se resisten a ella, y la mayor parte sencillamente se quedan despreocupados o bien indiferentes. De inmediato hay cambio escaso en la lengua; el español sigue predominando. El modo de vida tradicional mexicano persiste, salvo en el este de Texas y en el norte de California, donde el influjo inmediato y en masa de los angloparlantes efectúa cambios trascendentales."

La animosidad y el conflicto eran inevitables. Por ejemplo, el Tratado de Guadalupe Hidalgo garantiza los derechos de propiedad de los habitantes de las tierras conquistadas. Sin embargo, en muchos casos la garantía es vacía. Muchos angloamericanos tratan a los mexicanos y a los méxicoamericanos del mismo modo que tratan a los indios —como pueblo inferior, conquistado y subyugado. A veces vienen paracaidistas norteamericanos a invadir y asentarse en los terrenos de mexicanos. Al entablar pleito en las cortes, a menudo resulta imposible para los dueños legítimos demostrar con documentos que tienen título en su propiedad; después de todo, cuando vivían en México no había habido que preocuparse de ello. Y aún cuando el propietario al fin prevalece en los tribunales, ha de vender sus tierras nada más para poder costear los honorarios de representación.

 

Menos Problemas En La Frontera Después de La Guerra

Durante la guerra de la secesión norteamericana de 1861-1865, se ven sucesos curiosos en las zonas fronterizas del sur de Texas. Fuerzas yanquis y confederadas luchan a lo largo del Río Grande. Pero la situación tampoco es pacífica del lado mexicano del río. El ejército francés invade a México por no pagar la deuda exterior, instaurando al Archiduque Hamsburgo, Fernado Maximiliano, como emperador de México. Benito Juárez, el presidente electo de México, va al frente del ejército mexicano que intentó expulsar a los invasores franceses. Así es que los méxicoamericanos que viven en las riberas del Río Grande, que poco antes habían sido ciudadanos mexicanos y luego estadounidenses, ahora confederados, se ven arrastrados en varias direcciones por las batallas en ambos lados. Puede decirse con certidumbre que se sintieron más orgullosos por la victoria mexicana sobre el ejército francés en 1867, que por la del Norte sobre los estados sureños de la Confederación.

Después del Tratado de Guadalupe Hidalgo no da trabajo viajar de un país al otro, porque la frontera está completamente abierta, y así permanecerá durante unos 75 años. Esta política de la frontera abierta seguirá afectando la vida de los que viven por la frontera meridional de Estados Unidos, más que nunca durante la Guerra Civil mexicana que estalla en el 1910.

(Jacob G. Hornberger es fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation, en Fairfax, Virginia, y corredactor del libro, "The Case for Free Trade and Open Immigration" ("El Caso a Favor del Librecambio y la Libre Inmigración").

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