![]()
March 24, 2000
Encienda Una Vela
Padre Thomas J. McSweeney, Director of The Christophers
Un año, no recuerdo exactamente cuándo, los sermones de Cuaresma en la Catedral de San Patricio, en Nueva York, fueron dados por un conocido jesuíta que habló sobre la oración. Muchos admiraron su oratoria, pero el elogio que quedó en su memoria fue el de un viejo sacerdote que le ponderó la cantidad y duración de los sermones. Aunque luego, con una sonrisa sugestiva, agregó, "pero la verdad, Padre, se diga lo que se diga de la oración, en realidad es lo más simple que hay".
Sospecho que el conocido predicador jesuíta ya lo sabía, aunque la simplicidad de la oración no se nos ocurre muy a menudo.
Es fácil darnos a la evaluación intelectual de la oración. Así como el amor, la belleza y la maternidad, la oración provoca una serie de expresiones elocuentes y piadosas. No es difícil volcarnos a lo intelectual, pero es un intento vano.
En busca de material para esta columna, terminé recopilando unos 20 artículos sobre la oración algunos más sabios, otros más populares. Y he llegado a la conclusión de que, como dice el dicho, "lo bueno, si breve, dos veces bueno".
Escribir sobre la oración, leer sobre la oración, hablar sobre la oración, pensar en la oración, desear la oración, y entregarnos a abstracciones sublimes, puede si se lo lleva a extremos crear una barrera... una cortina de humo que pone a Dios en suspenso, mientras analizamos el tema indefinidamente.
Pero en lugar de todo eso, ¿por qué, simplemente, no rezamos?
"Señor, enséñanos a rezar". En cuanto a la pregunta de qué es la oración, o cuál debe ser nuestra disposición, Jesús nunca realmente ofreció una respuesta teológica. Cuando alguien le hacía una pregunta, Jesús respondía en forma directa y práctica. No un "prepárese para rezar" sino, "cuando vaya a rezar, diga `Padre...'" (Lucas 11:12)
Jesús nos enseña que la oración es, por sobre todas las cosas, nuestra respuesta a Dios como sus hijos. Estamos frente a Dios, solos, ¿y qué pasa? Nos damos cuenta de que pertenecemos a El, nuestro Padre y El nos pertenece. Y que ése es el sentido de la vida.
Pertenecer a Dios significa usar nuestra libertad para seguir su voluntad. Al experimentar la presencia de Dios, no necesitamos ambición personal o logros materiales. Somos "servidores fieles" y por la gracia de Dios, podemos ser sus hijos amándolo, así como ya somos hijos amados por él.
La oración es la oración, ni más ni menos, si uno así lo quiere. Pregúntese a si mismo, "qué quiero realmente cuando rezo? ¿Quiere usted pertenecer a Dios? ¿Quiere realmente eso? Si usted desea esa comunión con Dios, ese pertenecer el uno al otro, entonces usted está rezando. De eso se trata. No hay secretos ni vueltas. La oración es la prueba de nuestra sinceridad profunda. Es el sitio donde no hay forma de esconderse ni fingir.
La oración es lo que usted jamás lo debe hacer sentirse desalentado. Es algo que le concierne nada más que a Dios, quien siempre está deseoso de entregarse a usted con amor. Dios siempre murmura, "te amo y quiero estar en ti - ¿pero tú me quieres?"
Ese querer es el fondo de la cuestión.
Para obtener una copia gratis de ECOS Cristóforos S-141 "Hablemos sobre la oración", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.