
June 4, 1999
El 12 de junio de 1987, el Presidente Ronald Reagan dió un histórico discurso en Berlín Occidental. El mandatario retó al entonces líder soviético Mijail Gorbachov a derribar el Muro de Berlín. Eran los capítulos finales de la Guerra Fría.
Veinticinco años antes, las autoridades de Alemania Oriental y la Unión Soviética levantaron el Muro para evitar que decenas de miles de personas huyeran del lado comunista de la ciudad a la sección occidental y a la libertad. La decisión fué en efecto una rendición ideológica. Las dictaduras de Europa Oriental tuvieron que usar la fuerza para impedir que sus ciudadanos escaparan de los "paraísos comunistas" a los países libres y prósperos de occidente. No en vano, a la estructura se le puso el sobrenombre de Muro de la Vergüenza.
Dos años y medio después del discurso de Reagan, ocurrió lo impensable. Gorbachov levantó su puño de hierro sobre Europa Oriental y dejó que cayera el Muro. Europa vivió una borrachera de libertad. Alemania acabaría reunificada y el mapa del continente irremediablemente alterado.
Pero la historia tiene el mal hábito de repetirse. E irónicamente si Reagan decidiera lanzar de nuevo su reto, no tendría que regresar a Berlín. Lo podría hacer desde el estado donde reside, California. Allá en la frontera con México se está erigiendo otro muro de la vergüenza. Es el que está construyendo el Servicio de Inmigración y Naturalización (SIN) en los dos extremos de la frontera, San Diego, en California, y Brownsville, en Texas. El muro es parte de la llamada "Operación Río Grande", un proyecto multimillonario que persigue impedir la entrada de indocumentados a EEUU. Por el lado de Texas, el plan incluye instalar 50 millas de iluminación del tipo usado en los estadios de fútbol y construir un muro de 11 millas de longitud entre las ciudades de Roma y Brownsville.
Del lado californiano, se está estudiando levantar otro muro, éste de unas 14 millas de largo, en la zona de San Diego, el tramo más transitado de la frontera. El SIN también planea triplicar el número de agentes y vehículos, eliminar la maleza a lo largo de la frontera, utilizar personal militar para el patrullaje, además de usar la tecnología de vigilancia más sofisticada.
Según organizaciones pro inmigrantes y ecologistas, la meta del proyecto, si tiene éxito, sería fortificar la totalidad de la frontera, una monstruosidad que ha levantado los peores miedos, tanto humanitarios como ecológicos. Por un lado, lo único que ha logrado la fortificación del sector de San Diego es forzar a los inmigrantes pasar la frontera más hacia el este, por terrenos inhóspitos en los que uno se arriesga la vida. Todos recordamos la espantosa sequía y ola de calor que asoló los desiertos fronterizos el año pasado con mortales consecuencias para docenas, quizá cientos de indocumentados. El hambre da demasiadas cornadas en México y América Central para que una simple muralla se interponga en la huída de la miseria. Decenas de miles de inmigrantes harán lo que sea para evitar el obstáculo, incluso si les va la vida en el intento.
Por otro lado, la "Operación Río Grande" podría causar una catástrofe ecológica. La frontera entre México y EEUU es una zona de tremenda riqueza biológica en constante peligro por la urbanización desenfrenada y la contaminación que ésta conlleva. En el lado californiano, la construcción del muro afectaría a decenas de arroyos y cañones que alimentan uno de los estuarios más ricos del país. A lo largo de la frontera, las iluminación nocturna y otras estructuras causarían graves trastornos a la riquísima fauna de la región.
Es precisamente el movimiento ecológico del país el que mayor oposición ha mostrado al proyecto. Incluso tres organizaciones-Sierra Club, Frontera Audubon Society y Defenders of Wildlife-están a punto de demandar al SIN por supuesta violación de las leyes federales de protección ecológica.
Pero las leyes que realmente viola este proyecto no están escritas. Son las leyes de la decencia humana. A los refugiados de la miseria no se les contiene con un muro, cuando al otro lado les están esperando trabajos que pagan infinitamente mejor que los que existen en sus países de origen y que los estadounidenses rechazan de cualquier modo. Este es nuestro reto, que nunca se levante ese muro, un muro que a todos nos cubriría de vergüenza.
Si usted cree que el muro de la frontera incrementaría el número de muertes entre inmigrantes, llame gratis a la Red Hispana y exponga sus razones. El número es 1-888-SU-RADIO, es decir, 1-888-787-2346.