
July 23, 1999
Apasionadamente, dibujan, imaginan personajes e historias y sueñan sin duda con maravillar un día, a través de la pantalla, a grandes y chicos. Tras los muros de ladrillo de la Escuela de la Imagen, en París, los estudiantes de la sección "Cine de animación" trabajan con ahínco. Un encuentro con los posesores de ese "french touch" codiciado por los estudios cinematográficos de Estados Unidos.
"Francia no se reduce al buen vino y a la gastronomía" apunta, divertido, Eric Riewer. Desde septiembre pasado, este norteamericano, amateur de buenos vinos y colaborador de una revista especializada, dirige la sección "cine de animación" de la Escuela de Oficios de la Imagen, también conocida como Escuela de los Gobelinos.
Con paso vivo, nos hace visitar el lugar de donde saldrán los futuros talentos franceses del dibujo animado y de las películas de animación. A pocas semanas de las vacaciones veraniegas, el ambiente sigue siendo laborioso. En las salas de clase, los estudiantes, ante su plano inclinado, dibujan, borran y vuelven a dibujar para dar vida finalmente a pequeños personajes; otros, con los ojos clavados en la computadora, se aventuran por el mundo tridimensional; otros se entregan al juego del desglose, el story-board. En el subsuelo se suceden las salas de montaje y los estudios de sonido. Todo el material da la impresión de estar en un verdadero estudio de animación. Pero para acceder a él hay que cruzar la frontera de una severa selección: de los ochocientos candidatos que se presentaron este año, sólo veinticinco fueron aceptados. La reputación de la escuela y un mercado de trabajo fluctuante son los principales motivos de las condiciones restrictivas impuestas al ingreso.
Al término de los dos años de formación, completada por prácticas durante las vacaciones escolares, empieza por fin para esos estudiantes, la gran aventura. "Como la escuela y esta sección, creada en 1974 por Pierre Ayma, figura eminente del mundo de la animación cinematográfica, gozan de inmensa notoriedad, no sólo en Francia sino también en el extranjero, estamos en estrecha relación con los estudios de animación y otras sociedades especializadas, que vienen aquí a contratar a nuestros mejores talentos. Los ex-estudiantes, que a veces han fundado su propia empresa, también recurren a nosotros, y ofrecen una oportunidad a sus colegas más jóvenes. En consecuencia, la mayoría de nuestros estudiantes tienen una promesa de contrato tan pronto como terminan sus estudios" explica Eric Riewer. Algunos de ellos tendrán quizá la ocasión de ingresar en prestigiosos estudios norteamericanos, como DreamWorks, dirigido por Steven Spielberg. De los cuatrocientos dibujantes de la sección "animación" de dicho estudio, treinta y cinco son franceses, y han trabajado para "El príncipe de Egipto".
Pero no todos los talentos parten a Estados Unidos: la prensa propende a exagerar este fenómeno. Es cierto que los franceses, en particular, y los europeos en general, son apreciados por los estadounidenses, y especialmente por el socio de Spielberg, Jeffrey Katzenberg, que profesa una indefectible admiración por el arte francés y sueña con vivir en el Museo de Orsay... Según ellos, los franceses poseen esa nota de fantasía, de imaginación, que llaman el "french touch". Aquí, en la Escuela, lo promovemos; no nos contentamos con formar técnicamente a nuestros alumnos. Sabemos que todos los estudios buscan gente creativa, y no sólo técnicos del cine de animación. Efectivamente, la creatividad, la innovación, son armas eficaces para luchar contra colosos tales como Disney... Y Spielberg no es el único que compite con Disney y que se interesa en los jóvenes franceses: en Francia y en Europa, los estudios rivalizan y realizan proyectos que no carecen de interés. Piénsese, por ejemplo, en el éxito de `Krikou'" declara Eric Riewer.
Poniendo en guardia a los estudiantes contra los espejismos del "sueño americano", no deja de advertir a los estudiantes acerca de la precariedad de este oficio, que depende también de la buena o mala salud de la industria cinematográfica. "Lo vemos con toda claridad en este momento, en que el cine estadounidense pasa por una crisis: hasta los grandes estudios vacilan en contratar a nuestros mejores elementos. Hay que saber también que la competencia, sobre todo la asiática, es muy fuerte. Por eso, nos dirigimos hacia un mercado más segmentado, donde se explotarán al máximo las competencias de cada cual. Por último, teniendo en cuenta el costo de un dibujo animado, existe una tendencia a la coproducción. Aunque los productores se niegan a revelar las verdaderas cifras, todos sabemos que es un trabajo muy largo y muy caro. Por todas estas razones, es necesario mantener estrechas relaciones con todos los profesionales del sector, en el mundo entero" concluye Eric Riewer.
Esta sección de la Escuela de la Imagen y su dinámico director estaban muy presentes en el Festival Internacional del Cine de animación que se desarrolló en Annecy (sudeste de Francia) en mayo pasado. Esperemos que el encuentro resulte fructífero para todos.