Encienda Una Vela
Padre Thomas J. McSweeney, Director of The Christophers

Un Refugio de Bienvenida y Fe

Si les digo que a través de los años he visitado innumerables iglesias y templos de distintos credos, seguro no les va a sorprender; después de todo, es parte de ser sacerdote. Tanto sea simple como ricamente adornada, antigua o moderna, la arquitectura y el ambiente de cada iglesia reciben con una bienvenida a los fieles que allí se reúnen.

Entrar a la Catedral de San Patricio, por ejemplo, aquí en la ciudad de Nueva York, da una sensación de grandiosidad. En los últimos dos años y medio he tenido el gran placer de oficiar Misa en San Patricio todas las semanas, y me siento ya tan a gusto como en mi casa. Los vivos colores del rosetón y los vitrales, los ricos matices del órgano, el aroma de las velas encendidas, ya todo se ha unido y me rodea cuando estoy en la catedral.

Pero con la gente es distinto —siempre se destacan con más claridad e individualidad. Vienen tantos visitantes, los 365 días del año; gente del lugar, que viven o trabajan en Manhattan y vienen a Misa o a un momento de meditación. Turistas, en forma interminable que vienen a ver una atracción más de Nueva York, y a descansar los pies unos minutos. Pero también he notado cuánta gente viene a rezar.

Visitas de todas partes del país, del exterior y de distintos credos encuentran lugar en San Patricio para refrescar el espíritu. Los veo sentados calladamente, parados o arrodillados frente al altar mayor o en alguna de las capillas laterales. Parece que San Judas y San Antonio son los favoritos de muchos. Y también he observado las interminables visitas a la magnífica pintura de Nuestra Señora de Guadalupe. Desde que se abren las puertas hasta que se cierran a la noche, prácticamente no está ni un momento sola.

Intrigado, pregunté sobre la historia de la pintura y me enteré que fué hecha por un artista mexicano anónimo del 1700. En 1991, la pintura fué presentada a la catedral en nombre de la arquidiócesis de la ciudad de México. El Cardenal Ernesto Corripio la trajo personalmente y se la entregó al Cardenal O'Connor. Y luce ahora en un lugar de honor junto al altar mayor.

Pero la historia de Nuestra Señora de Guadalupe se remonta más allá en el pasado. En 1531 Juan Diego, un indio, vió una hermosa mujer que se le apareció en una colina cerca de lo que es hoy ciudad de México. La aparición dijo que le dijera al obispo que construyera una iglesia allí mismo, así ella podría consolar a muchos que buscan su apoyo, "y les podré dar mi amor". El obispo no le creyó a Juan Diego, y pidió una prueba. Así es que esta hermosa mujer le dijo a Juan Diego que recogiera rosas de una colina —que hasta entonces había sido seca y desierta. Y cuando Juan Diego abrió el manto donde llevaba las rosas, la imagen de la misma mujer apareció dibujado en la tela. Es una historia hermosa.

Ahora veo por qué tanta gente sigue atraída a ese rostro fuerte, amable, compasivo de esa mujer india —atraídos hoy, tanto como siglos atrás. Ella apareció en una época violenta, para dar consuelo a todos, y lo sigue dando hoy día. Gente de diferentes orígenes, idiomas y necesidades se siguen sintiendo bienvenidos por Nuestra Señora de Guadalupe.

Pienso que lo que buscamos, cuando entramos en un templo religioso es este sentido de bienvenida, de ser aceptados por lo que en realidad somos. Buscamos el amor del espíritu de Dios. ¿Y nosotros, en nuestra vida diaria? ¡También! Cada vez que llevamos nuestra hospitalidad y nuestra compasión al prójimo, nos convertimos en portadores de esa gracia misericordiosa de Dios.

Para obtener una copia gratis de ECOS Cristóforos S-209 "Compartiendo el evangelio de la vida", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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