January 22, 1999


Hispanic Radio Network/La Red Hispana
LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Javier Sierra

Cómo Extirpar el Cáncer de las Pandillas

Sólo los ladridos de los perros rasgan el si lencio nocturno en un barrio latino más, de una ciudad más, de un estado más. Un destartalado Cadillac negro se aproxima a una casa cuyas paredes apenas contienen los decibelios de una sonora fiesta. Los ojos de los ocupantes del auto giran alrededor de la casa como hipnotizados, igual que la mirada del tigre sobre su presa. Una vuelta, dos, tres, varias más.

Finalmente, la espera da sus frutos. La puerta de la casa se abre, y los juerguistas irrumpen en la noche en un reventón de carcajadas, gritos y aullidos. En un instante, de las ventanillas del Cadillac surgen varios brazos armados y las pistolas automáticas empiezan a vomitar muerte. Uno tras otro los cuerpos empiezan a hacinarse en el porche. La segadora trata a las víctimas como bolos, bamp, bamp, bamp, van cayendo. De la casa surgen varios jóvenes disparando sus armas. Pero ya es tarde. El Cadillac ya ha desaparecido dejando detrás una nube de polvo y una sarta de insultos.

El ritual de ataque y venganza se acaba de cumplir una vez más. La muerte ha vuelto a ganar un juego absurdo que ocupa a decenas de miles de jóvenes hispanos en EEUU. Las pandillas siguen bailando al son de las balas. Y unos y otros siguen el ritmo, bamp, bamp, bamp.

Violentas tragedias como esta no son extrañas en comunidades hispanas de todo el país. El cáncer de las pandillas es una de las mordazas que impiden el pleno desarrollo de nuestra juventud, de nuestro futuro. Y las perspectivas no son nada halagüeñas. Este cáncer crece sin cesar y se alimenta de los más vulnerables, los hijos de familias humildes.

Un estudio reciente encontró que el 58% de las jurisdicciones sondeadas registran la existencia de pandillas. En todo EEUU hay más de 23,000 pandillas con un total de casi 665,000 miembros que cometen al menos 600,000 crímenes cada año. Esta cultura, más bien, este ritual de violencia y muerte, que estos jóvenes practican tiene devastadoras consecuencias para las comunidades que la sufren. Sólo en el Condado de Los Angeles, los pandilleros son responsables del 40% de los asesinatos, un aumento del 100% desde hace una década.

Esta cultura del crimen tiene, en muchos casos, profundas raíces. En el sur de California algunas pandillas latinas tienen hasta 100 años de existencia. La razón fundamental de este éxito es que las pandillas tienen a su disposición un interminable suministro de aspirantes —niños pobres que crecen en ambientes sórdidos y para quienes la violencia es parte de la familia. Esta atmósfera de miedo e incertidumbre convierte a las pandillas en un espejismo de seguridad. El pandillero promedio comienza a frecuentar estos grupos a los 13 años. Un año más tarde ya es miembro de la pandilla y al poco tiempo ha sido arrestado por primera vez. A los 15 años, es un experto vendedor de drogas, posee un arma —en muchos casos de tremendo poder letal— y su nivel educacional es mínimo.

La filosofía básica del pandillero es que siempre es mejor estar detrás del gatillo. A quien le toca estar delante es al resto de la comunidad, la cual vive aterrada en virtuales campos de batalla. La ley que allí impera es la del silencio ya que la mayoría de los crímenes de pandilleros quedan impunes. Y los pocos que se atreven a delatarlos, corren el riesgo cierto de ser asesinados. A esto se suma el desinterés de las fuerzas policiales en investigar crímenes en áreas de alto riesgo y bajo poder político.

Por fortuna, las soluciones a este grave problema están ahí. Primero, es posible resistirse a ser reclutado por una pandilla. La creencia común es que quien rechaza la oferta se arriesga a un severo castigo. Sin embargo, un estudio del Departamento de Justicia indica que en la gran mayoría de los casos no hay represalias. En cambio, los que sí aceptan, reciben terribles castigos a modo de iniciación.

Segundo, la mayoría de los pandilleros confiesan que rechazarían la vida criminal si les ofrecieran un trabajo decente.

Y tercero, las comunidades que sufren este cáncer pueden defenderse solicitando de las autoridades la creación de programas como la vigilancia comunal, prevención de crímenes, revitalización de barrios y participación de los padres en programas escolares.

Estas soluciones quizá eviten que una de estas noches un Cadillac negro empiece a dar vueltas alrededor de su casa.

¿Es usted o su familia, víctima de la violencia pandillera? La Red Hispana puede ayudarlo gratis. Llame al 1-888-787-2346.

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