
January 15, 1999
Hispanic Radio Network/La Red Hispana
LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Javier Sierra
Imagínese que una potencia extranjera concibiera el plan perfecto para arruinar el futuro de este país. El plan por supuesto atacaría a los jóvenes y niños de EEUU, los herederos del presente. ¿Y cómo arruinar el futuro de una persona? Haciéndola ignorante, por lo tanto vulnerable al crimen y a las drogas. Para lograrlo, un método ideal sería reducir el acceso a las universidades y aumentar el número de cárceles donde miles de estudiantes frustrados van a terminar tarde o temprano. Ignorancia = crimen = carcel = ignorancia. El círculo vicioso perfecto. Una vez que se inicie, no hay manera de pararlo.
Se preguntará qué potencia extranjera se dispone a cometer semejante fechoría contra la seguridad de este país. Ninguna. Este país se basta y se sobra para minar los fundamentos de su bienestar. La potencia no existe, pero el plan sí.
Alguien muy sabio dijo que las escuelas que no construyamos serán las cárceles que tendremos que edificar. Los políticos de este país le dieron la vuelta a la tortilla y están edificando las cárceles que sustituirán a las escuelas de mañana. En otras palabras, estado tras estado de la unión está reduciendo su presupuesto de enseñanza superior para poder construir más prisiones. Yo sé que esto es increíble así que permítanme darles uno de muchos ejemplos.
Hace unas semanas, el Instituto de Política Judicial, un grupo de investigación independiente, informó que el Estado de Nueva York en los últimos 10 años, redujo su presupuesto de enseñanza universitaria casi tanto $615 millones como aumentó su presupuesto penitenciario $761 millones. Es decir, se gastó el doble en atender a sus presos que a sus estudiantes. ¿Y quienes pagan el precio más alto por esta insensatez? Las minorías. Imagínese que hay más latinos y afroamericanos en las cárceles neoyorquinas 57,770 que matriculados en las universidades del estado 35,770. Desde 1980, el número de blancos encarcelados por delitos de drogas aumentó un 103%, pero el de latinos creció un impresionante 1.615% y el de afroamericanos un 1.311%.
Nueva York es sólo un ejemplo. Entre 1990 y 1994, 37 estados aumentaron sus presupuestos penitenciarios, pero sólo siete incrementaron el de enseñanza universitaria. ¿Cómo es posible que esto se haya convertido en un fenómenos nacional?
Primero, la llamada guerra contra las drogas y la severidad de las penas han convertido a EEUU en el mayor centro penitenciario del mundo occidental. En este país hay más de 5 millones de personas en prisión, libertad bajo palabra o libertad condicional, es decir, el 2,7% de la población adulta. Mantener a estos millones de personas cuesta una fortuna calculada en unos $8,000 millones anuales, cuatro veces más que el producto bruto nacional de Honduras. Y lo peor no es construir las prisiones sino mantenerlas. En Delaware, por ejemplo, cubrir los gastos de un solo prisionero un año cuesta las contribuciones de impuestos de 18 personas.
Y segundo, para alimentar a este monstruo insaciable en el que se ha convertido la llamada justicia penitenciaria de EEUU, los estados recurren a los fondos de la educación superior. Durante los años 80, los estados incrementaron en un 95% sus presupuestos de prisiones mientras que redujeron los universitarios en un 6%. Las consecuencias han sido terribles. Entre 1982 y 1993 las universidades públicas han reducido el número de catedráticos en un 28% y aumentado el de guardias penitenciarios en un vergonzoso 129%.
Acabar con este fenómeno debería ser la prioridad absoluta de los políticos de este país. El terrible endurecimiento de las penas no ha logrado su principal objetivo: reducir el nivel de crímenes violentos. Lo que sí ha conseguido es que la población de presos no violentos haya estallado, sangrando así los presupuestos estatales. Las soluciones están ahí: reducir paulatinamente el número de presos no violentos, aplicar una moratoria de construcción de presiones o potenciar los programas de correcciones comunitarias como libertad bajo palabra supervisada, arresto domici-liario, tratamiento contra drogas y otros.
Pero quizá la mejor solución podríamos copiársela al Imperio Incaico. Cuando alguien cometía un crimen, no se penalizaba al criminal sino al funcionario encargado de proveer al criminal de sus necesidades básicas.
¿Es usted o su familia o amigos víctimas de la insensatez de construir prisiones en lugar de escuelas? Llame a la red Hispana al 1-888-787-2346 para recibir más información o ayuda gratis.