January 8, 1999


Encienda una Vela
Padre Thomas J. McSweeney, Director de The Christophers

¡Feliz Milenio Nuevo!

Con el nuevo año comenzaremos a con tar hacia el nuevo milenio. Ya sentimos la atención dedicada por los medios de difusión y el comercio, diseñados para hacernos marchar hacia el umbral del nuevo milenio. A dos cuadras de donde vivo, Bloomindgale's, la conocida tienda de Manhattan, ha montado un cartel computarizado que cuenta los días, los minutos y los segundos hasta el año 2000. Nuestra atención está firmemente enfocada hacia el futuro. Pero antes de que nos arrastre este torbellino de la llegada del milenio, quizás usted quiera llegar a lo que "Feliz Milenio Nuevo!" le pueda significar a usted mismo.

En los dos últimos años el Papa Juan Pablo II ha exhortado a la gente de todos los credos, a pensar en la reconciliación como el hecho fundamental de este momento trascendente. Mediante una serie de hechos relevantes ha intensificado su búsqueda de esa renovación que sólo el perdón puede lograr. Tanto sea su compasión con el hombre que atentó contra su vida, o su reciente disculpa por la insensibilidad de los católicos ante el holocausto judío, el Papa está decidido a tratar con el pasado y el presente en una forma responsable, para prepararnos para el futuro.

Nos alienta a que demos una última mirada a lo que dejamos atrás y dónde nos encontramos actualmente. Nos exhorta a que confesemos lo malo que hicimos y lo bueno que no hicimos, a pedir perdón y, quizás lo más difícil, perdonar al prójimo. Recién entonces podremos mirar lo que tenemos por delante.

La cuestión es, "¿Permitimos que otras personas o circunstancias rijan nuestra vida?" Muchas veces nos sentimos desdichados y culpamos a otros. Nos encerramos tanto en no perdonar que no podemos vivir nuestra propia vida. No importa cuán real sea el dolor, nos encontramos atrapados en nuestro propio enredo. Si no cambiamos no podremos perdonar.

Es fácil rezar el Padre Nuestro: "...perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores". Pero no es tan fácil convertir esas palabras en hechos, o aunque sea un deseo sincero. ¿Cómo hacerlo?

Primero, tengamos fe. Hay momentos en la vida en que no podemos tratar los problemas sin ayuda. En realidad, nunca estamos solos, aunque tengamos la tendencia a olvidar a quien está constantemente con nosotros. Tener fe en Dios todopoderoso, que nos ama profundamente, nos da la base para nuestras decisiones y las fortalece.

Segundo, tengamos esperanza. Mucho más que optimismo, la esperanza nos permite sobrellevar el presente, enfocando las posibilidades del mañana. No tenemos por qué negar nuestras dificultades y nuestro dolor pero —en espera del bien que proviene del valor y la perseverancia— podemos soportarlo.

Tercero, optemos por el amor. Sin duda un acto que nos fortalece. Podemos permanecer amargados por las penas sufridas en el pasado, y sentirnos heridos e incapaces, o podemos optar por el amor. Al principio quizás no podamos sentir ese amor, pero si decidímos sentir y vivir el amor, con el tiempo llega. Empecemos por aprender a amarnos a nosotros mismos.

Si la fe, la esperanza y el amor son una parte viviente de su corazón y de su alma, encontrará sin duda la reconciliación. Quizás no llegue rápido ó fácil. Pero inevitablemente, inexorablemente, las propias virtudes de Dios lo llevarán a buscar y ofrecer el perdón, tan seguro como los segundos en el reloj se van aproximando el nuevo milenio.

Para obtener una copia gratis de ECOS Cristóforos S-189 "Vive con alegría", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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