February 27, 2004

Más de lo mismo

Diego Luna, Salsa y Danzón en el cuadro de baile de salón

Por Jose Daniel Bort

Dirty Dancing: Havana Nights no trae absolutamente nada nuevo al género de películas de baile. Sin embargo, su justificación funciona como premisa para una película decente y el “sabor” latino se encuentra presente, por la mayor parte.

Con las calles del viejo San Juan enmascaradas por La Havana vieja del ’58, Havana nights comienza como la apoteosis de un mundo con fecha de caducidad. La opulencia del gran Hotel donde Batista hospeda a sus “gringos” visitantes contrasta con la pobreza en los barrios de la ciudad, donde los baquianos pasan sus penas bailando en la calle y conspirando clandestinamente en sus templetes.

Visto por los ojos de Katey (Romola Garai), una americana que acaba de llegar a la isla, Cuba es exótica y atractiva, salvaje y seductora. La personificación de esta seducción la realiza Javier (Diego Luna) que con discreto charm cumple con sus funciones de servicio en el hotel donde el padre de Katey trabaja, recibiendo palos e insultos por parte de los niñitos ricos alrededor.


Romola Garai y Diego Luna en “Dirty Dancing”

Sí, es así de cliché. Pero gracias a las actuaciones centradas de la mayoría del elenco, no se siente como una caricatura. Luna tiene pausa al hablar, prefiere hacerse escuchar bien antes de apresurarse en alguna emoción. Es un actor calculador que da en el blanco en personajes pasivos y cerebrales. Quiza su Javier necesite más fogosidad caribe.

Por su parte Garai es delicada en su carisma. Provoca verla en pantalla. Sufre callada las exigencias de su educación y se revela sin alzar la voz, tan solo con la seguridad de que su corazón está en el lugar adecuado. Ella es el motorcito de la pieza.

Si Garai es el corazón, el cameo de Patrick Swayze como un instructor de baile con tres escenas es el espíritu de Havana Nights. Como hada madrina del cuento de hadas, su presencia es mística y misteriosa, dándole sentido a un lenguaje de diálogo tan básico que pareciera recitado del libro “cómo hacer un musical para niños”. Su participación se agradece.

La banda sonora de la película es menos Benny More y Perez Prado y más Orishas y Aterciopelados. Estas licencias artísticas son un arma de doble filo: se ven extrañas con los trajes preyeyé agogó y los pantalones de pinzas pero impiden que Havana Nights suene a pieza de museo. Más confianza en la universidad de la musica cubana hubiese sido apreciada.

Luna y su madre Angélica Aragón (otra artista nacida en Mexico) actuan sus acentos cubanos con credibilidad, gracias al trabajo de Danny Rodríguez (el mismo que le enseñó a hablar cubano a Javier Bardem en Before Night falls) y por la imponente presencia del actor René Laván como el hermano revolucionario de Javier, Carlos. Oirán mucho de este joven actor con perfecto dominio del inglés y el español. La revolución del primero de enero del ‘59 se desenvuelve sin adentrarse mucho en política y permite un final no tan adulcorado. En la tierra del azúcar, hay tiempo para el guaguancó.

Havana Nights
Con: Diego Luna, Romola Garai, René Laván, Angélica Aragón.
Dirigida por: Guy Ferland.
Clasificación: PG-13
Chiles: 2 ½ de 5

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