
February 19, 1999
Cuando nos mencionan la pobreza infantil, de inmediato nos vienen a la mente los hijos del Tercer Mundo, esos niños despeinados, de cara mugrienta y mirada vacia, víctimas de una miseria abrumadora que todo lo absorbe, incluyendo los sueños de escapar de ella. Son los herederos de la pobreza, y el seguro de que sus hijos tampoco podrán librarse de ella.
Pero como todos los clitchés, la imagen es incompleta e inexacta. Las villas miseria, los pueblos jóvenes, las favelas, las cartolandias, los tugurioso como sea que usted llama en su país al domicilio de la indigencia no tiene la exclusividad de la pobreza. Los hijos del Tercer Mundo también se encuentran en naciones avanzadas rodeados de la riqueza más extravagante. Lo tenemos en nuestra propia casa. Si quiere ver pobreza tercermundista, no tiene más que pasarse por la ciudad de Nueva York, la capital mundial de las finanzas, la Meca cultural de Occidente y muchos títulos imperiales más. Pero todos ellos pierden su lustre si miramos debajo de la piel de esta brillante manzana y encontramos que la mitad de los niños neoyorquinos nacen en hogares pobres.
Según la Citizens' Committee for Children of New York (CCC)Comisión Ciudadana para los Niños de Nueva York de los 127,000 niños que nacen en la ciudad cada año, más de 66,000 provienen de hogares que viven bajo el nivel federal de pobreza. Este es un récord absoluto. Jamás antes habían nacido tantos niños pobres en Nueva York. Y como era de esperar, quienes más sufren este flagelo son las minorías, especialmente los latinos. Según el informe de CCC presentado la semana pasada, un asombroso 75% de los niños hispanos y el 60% de los afroamericanos nacen en la pobreza en Nueva York.
El reporte me cayó como un jarro de agua fría, especialmente después de leer otro informe, mucho más alentador, que también fué publicado la semana pasada. El Departamento del Trabajo anunció que la tasa nacional de desempleo entre los latinos del mes de enero fué la más baja jamás medida por el gobierno, un esperanzador 6.6%. Uno piensa que durante el período de paz más prospero en la historia de EEUU, la marea de riquezas levantaría a todos los barcos, ricos y pobres. Sin embargo, las conclusiones del estudio del CCC son alarmantes.
En la ciudad ya viven 760,000 niños pobres, el 60% de los latinos y el 51% de los afroamericanos. Además, el total de niños desamparados ya alcanza los 8,000, un aumento del 21% desde 1990. Y de la mano de la pobreza vienen sus dos compañeras inseparables, la ignorancia y la violencia. Casi la mitad de los estudiantes de elemental y primaria no alcanzan los mínimos académicos exigidos. Cada tres días un joven es asesinado en las calles de la ciudad, y cada día se denuncian 146 casos de abuso o abandono infantil.
Las causas de este problema, según el estudio, no están claras. Pero uno de los principales sospechosos son los drásticos recortes en el presupuesto de los programas que atienden a los niños. Cuatro de las entidades municipales que ayudan a la infancia tienen hoy un presupuesto inferior al de 1994, y las restantes 15 han sufrido recortes. El informe quizás no se atreva a develar a los culpables, pero, como decía un amigo mío, si es blanco, se bebe y lo da la vaca, ¿que será?
De la misma manera, si los programas que ayudan a la infancia caen bajo el hacha de las promesas electorales descabelladas, tarde o temprano, los niveles de pobreza, ignorancia y violencia se van a disparar. La percepción general es que la inversión social es un tremendo despilfarro del dinero del contribuyente. Sin embargo, estudio tras estudio confirma que si no prevenimos, lo vamos a lamentar.
Por ejemplo, por cada dólar que se invierta en inmunización infantil, se ahorran $10 en futuros costos médicos. Ese mismo dólar invertido en educación escolar de calidad, ahorrará $6 en educación especial, asistencia pública y prevención de crímenes. O si lo invertimos en prevenir el crimen se ahorrarán $140 en justicia juvenil o vigilancia policial. Finalmente, por cada millón de dólares que se invierta en incentivos para graduarserecuerden que el nivel de deserción escolar entre los hispanos supera el 30% se previenen 258 crímenes graves.
En estos tiempos de abundancia debemos invertir la riqueza sabiamente. Si no lo hacemos en nuestra infancia, ¿quién se lo va a explicar a los niños despeinados, de caras mugrientas y miradas vacías del futuro?
¿Son sus hijos o los hijos de sus amigos víctimas de los recortes en programas sociales? La Red Hispana puede ayudarle. Llame al 1-888-787-2346. Es gratis.