December 17, 2004

Una Parada en el Día de las Lupitas

Por: Paco Zavala

El pasado domingo 12 de diciembre se celebró un aniversario más de las apariciones de la Santísima Virgen María de Guadalupe al ahora Santo Juan Diego en el Cerro del Tepeyac, por allá en la capital de la República Mexicana, hace ya 473 años.

Las gentes que se vieron involucradas en este evento originalmente, estoy seguro que nunca pensaron que ellos como participantes en estos hechos, sus nombres y sus vidas estarían unidas firmemente y por tiempo indefinido a la historia de la religión en México y al desarrollo y fortalecimiento de la fe de millones de mexicanos y de ciudadanos de otras nacionalidades creyentes de la existencia y de los milagros de la Morenita del Tepeyac.

Indudablemente que al pasar de los años mucho se ha investigado, mucho se ha descubierto, mucho se ha escrito, pero nada, ni nadie ha podido debilitar o derribar ese fervor y devoción que los mexicanos sienten por éste icono que representa la vida misma de algunos o de muchos creyentes.

Las apariciones de la Santísima Virgen de Guadalupe, en aquel 12 de diciembre de 1531, dieron consigo un vuelco en los acontecimientos posteriores a su aparición, ejemplo de esto es el emblema que sujetó el Padre Don Miguel Hidalgo y Costilla, en aquel famoso Grito de Dolores, “Grito de Libertad del Yugo Español” de los mexicanos de aquellos tiempos y que no fue otro más que la imagen de aquella ya venerada señora y otros muchos hechos históricos en los que la imagen de la santa señora ha sido baluarte de fe, de creencia y de arraigo.

Las festividades se manifestaron en todo el país y en todo su apogeo desde el sábado 11 de diciembre, fecha de la víspera de la celebración, en la que grupos de mariachis, trios, músicos, cantantes de fama y otros que no la tienen, artistas de distintos géneros, le entonan las mañanitas en muchísi-mos templos de todas las ciudades y de todos los pueblos de la república mexicana y también en el extranjero en algunas ciudades como Los Angeles, Ca. en la famosa “Placita”.

Las apariciones de la Virgen de Guadalupe, fortalecieron el marianismo mexicano, un hecho ya de por sí bastante fortalecido, porque hasta hace algunos años, miles de mujeres mexicanas al nacer se les bautizaba con el nombre de María, antes que cualquier otro nombre, de ésta manera encontramos muchas: Marías del Carmen, Marias de Guadalupe, Marías de Jesús y Marías, Marías, etc, etc.

El pasado domingo 12 de diciembre acudimos a presenciar la celebración de la Santa Misa, en la Catedral de Guadalupe. El interior del templo estaba tan abarrotado que no se podía dar un paso, todos los fieles sublimemente postrados ante el altar de la Santa Virgen de María de Guadalupe, oían con atención, con regocijo y con devoción, las palabras que el oficiante pronunciaba. Algunos que acudían a pagar alguna manda, lo hacían caminando arrodillados, otros portaban en sus manos o en sus brazos, hermosos ramos de flores, veladoras o velas, en lo alto del coro el organista Antonio Díaz, entonaba hermosos cánticos relativos a esta ilustre fecha.

Todos los altares laterales del templo se encontraban repletos de ramos florales, veladoras y velas encendidas.

Niños vestidos de inditos y de marías, se encontraban también envueltos por la multitud en brazos de sus padres, otros niños posaban en el exterior del templo para que les tomaran la foto del recuerdo de su infancia, en fín en este ambiente se respiraba un aire muy especial cargado de excelente buena vibra y santidad.

En fín, en el interior del templo todo era devoción, fé y amor hacia la Virgen de Guadalupe.

Un simple mortal cargado con las penas del mundo, lo único que exclama en estos momentos: ¡Perdón, Madre Mía, acude en mi auxilio y ayuda en mi tribulación!

En el exterior del templo existen puestos en los que se pueden adquirir juguetes, regalos, adornos y comida mexicana, desde: tacos, garnachas, cucarachas, sopes, menudo, pozole, atole, champurrado y demás platillos mexicanos.

La vigilancia policiaca estuvo muy activa, por aquello de que los amantes de lo ajeno hicieran de las suyas.

Pero fijese Ud. en la Basilica de la Virgen de Guadalupe en la Ciudad de México, acudieron 369 peregrinaciones de todo el país, así que aquello estuvo lleno de millones de fieles adoradores de la Virgen de Guadalupe, caso sin precedentes en la historia del mundo actual.

Este año acudieron miles de visitantes de otros países a la Basílica de Guadalupe y asombrados presenciaron todas las celebraciones y las demostraciones de amor, de fé y de adoración hacia la imagen de la Virgen de Guadalupe, lo cual según el decir de algunos de ellos fortaleció la fé de ellos mismos y regresarán a sus países de orígen con esa nueva visión sobre la existencia de la “Guadalupana”.

Pero, nunca falta un pelo en la sopa, en la Catedral de San Patricio en la Cd. de Nueva York, templo al que audieron peregrinos mexicanos que desde hace un poco más de un mes caminaban hacia ese lugar cargando las imágenes de la Virgen de Guadalupe y del Santo Juan Diego. El clero encargado del templo nunca abrió la puerta principal para que entrara la Reina de los Mexicanos La Virgen de Guadalupe y Santo Juan Diego, con todo su séquito, tuvieron que entrar por una puerta lateral y esperar a que las autoridades de la catedral se dignaran recibirlas. ¡Válgame Dios! que aberración que un hecho de ésta naturaleza acontezca en un templo católico tan importante.

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