December 30, 1999


Encienda Una Vela
Padre Thomas J. McSweeney, Director of The Christophers

En Las Manos de Dios

Tal como lo indica el calendario, hemos llegado a un nuevo alto en el camino de nuestra vida — el año 2000! Un buen momento para hacer una pausa y reorganizar nuestro recorrido hacia el futuro.

Por supuesto nos ayudará el darnos cuenta de que el camino que hemos elegido está siempre sujeto a cambios. Usted encontrará obstáculos, desviaciones y curvas equivocadas que van más allá de su capacidad de predicción. Dependiendo sólo de sus propios recursos, lo único seguro en la vida es la inseguridad de la misma.

Aunque usted diseñe el recorrido de su vida con temor, por las inseguridades que lo aguarden más adelante, aún así usted puede alegrarse por la firme convicción de que, "mi futuro está seguro, en las manos de Dios".

Hace unos años atrás —precisamente al final del año— un grupo en una pequeña iglesia decidió probar el poder de la expectativa. Cada persona escribió las expectativas para el Año Nuevo, lo pusieron en un sobre y lo sellaron. Y doce meses después —el día de Año Nuevo— abrieron los sobres y leyeron lo que habían escrito doce meses antes.

Un hombre dijo, "el próximo año va a ser la misma vida desdichada de siempre". Lamentablemente, tuvo que admitir que sus expectativas se habían convertido en realidad. Se sentía desdichado. Luego una mujer leyó diez objetivos importantes que esperaba lograr. Y dijo que, felizmente, nueve de ellos se habían concretado. Y también confesó que, como esperaba lograrlos, había trabajado con ahínco.

Otro hombre había basado sus expectativas en su signo del zodiaco, Capricornio, el cual predecía, "tendrá otro año de dificultad y frustración". Y recibió lo que esperaba.

Una mujer, también de Capricornio, que no sabía nada de predicciones astrológicas había disfrutado de un hermoso año. Una persona del grupo había fallecido ese año. Cuando abrieron su sobre, en su nota decía, "como ninguno de los hombres en mi familia sobrevivieron más allá de los 60, espero morir en el curso de este nuevo año". Murió un mes antes de cumplir los 60.

Creer que la combinación de una actitud positiva y un poco de dedicación son suficientes para cumplir cada expectativa para el año 2000. pues sería simplificar las cosas excesivamente. Las desiluciones, el dolor, el fracaso y la frustración son parte de la condición humana. Y lleguemos o no a los treinta, a los sesenta o noventa años de edad, cualquiera de nosotros puede morir antes de que termine el año.

Pero como seguidos de Jesucristo, tenemos expec-tativas y esperanza. Tenemos una visión de la tierra prometida. Hemos depositado nuestra confianza en la promesa de Jesús, de que estará siempre con nosotros — y eso quiere decir en todo momento, especialmente en desiluciones, dolor, fracaso o frustración. Hemos puesto nuestra confianza en el poder de Dios para transformar el dolor en gozo, la derrota en victoria, la muerte en vida nueva.

Decidamos que mediante nuestro amor por el prójimo, este nuevo año 2000 sea en verdad "el Año del Señor". Decidamos que, de acá a un año miremos hacia atrás—hacia el año 2000— como el tiempo que vivimos como si el bien de innumerables personas, conocidas y desconocidas, hubiera dependido de nosotros.

Saludémos unos a otros, diciendo:

"¡Feliz Año Nuevo! Nuestro tiempo está seguro en las manos de Dios —y en las de unos y otros— porque cuando hacemos su voluntad, nuestras manos serán las manos de Dios".

Para obtener una copia gratis de ECOS Cristóforos S-213 "Viviendo la regla de oro", escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

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