
December 3, 1999
Aveces pareciera que los noticieros y la edición matutina del periódico tienen siempre alguna nueva historia de horror de las fuerzas destructivas de la naturaleza: incendios de bosques, tornados, terremotos. Tantas posibilidades para el caos.
Por cierto, el año pasado nos trajo un desastre tras otro. Inundaciones y sequías causadas por El Niño. Huracán tras huracán culminando en el tremendo huracán Mitch, el mayor desastre del hemisferio occidental en los últimos doscientos años. Fue como si esta infernal tormenta hubiera sabido dónde vivían los más pobres. Cuatro días de lluvias torrenciales que batieron todos los records, castigando a quienes se ven forzados a construir sus precarias viviendas en planicies desprotegidas y barrancas frágiles de Centroamérica. Las estadísticas fueron increíbles: 10,000 muertos, 9,000 desaparecidos y más de un millón que quedaron sin vivienda. Pero son las pequeñas anécdotas las que recordamos.
Gente como Cruz Breni Osorio, de Nicaragua, metido en el barro hasta las rodillas, al pie del volcán donde más de 2,000 personas fueron enterradas en una avalancha de lodo. El señor Osorio perdió a 71 miembros de su familia, incluyendo su esposa, dos hijas y seis nietos. Nada le devolverá la promesa de esas vidas. "En un momento lo tenía todo, y de pronto nada". Y reflexiona, "pero Dios me dió otro día más para vivir, y debo seguir adelante lo mejor que pueda".
César Castellanos, alcalde de Tegucigalpa, Honduras, era un hombre corpulento que se llamaba a si mismo "El Gordito". Dinámico y de gran corazón que con frecuencia decía, "¡A trabajar!" Era también neurocirujano, y para cuando llegó a ser alcalde había llegado a hacer más de 3,000 operaciones. Pero ahora se apresuraba a salvar a quienes carecían de suficiente dinero para las necesidades básicas de comida y ropa, además de las necesidades médicas. Antes de que llegara el huracán Mitch recorrió las zonas de mayor riesgo para evacuar a la gente de sus viviendas primitivas, y llevarlos a tierras más altas. Pero cuando el huracán llegó y castigó duramente, el alcalde se lanzó a las calles para levantar la moral "¡A trabajar!"
Pero luego la tragedia inesperada: el señor Castellanos tomó un helicóptero en dirección al río Choluteca, que amenazaba inundar la región. Pero a pocos pies de altura, un chispazo eléctrico provocó la explosión, y todos en el helicóptero perecieron. El camarógrafo, un funcionario de la ciudad, el piloto, y el mismo alcalde.
La presencia de Mitch también dejó lo suyo en Nicaragua. Como el patio de una escuela en Posotelga arrasada por el lodo, con la impresión dejada por el cuerpo de una pequeña niña en el barro seco. Y junto a las líneas de su cuerpo en el barro, una cruz de madera y un ramo de flores la recuerdan.
Impresiones que quedan en la memoria un campesino angustiado, un alcalde heroico, el relieve de una niña detenido en el tiempo. Un tríptico grabado en el dolor y la esperanza. Y la respuesta del mundo creando nuevos records de caridad a través de organizaciones públicas y privadas. Resultando en el esfuerzo internacional de ayuda más grande en la historia de la Cruz Roja. Cuando encontramos esa compasión entre los seres humanos, estas tragedias aunque incomprensibles llegan a ser sobrellevables.
Cuando todo parece perdido, saber que no estamos solos que Dios y los hijos de Dios ofrecen misericordia frente al infortunio puede marcar una gran diferencia.
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