
August 7, 1998
Encienda una Vela
Padre Thomas J. McSweeney, Director de The Christophers
Para muchos de los que educan a los niños, la enseñanza no es sólo profesión sino una pasión, que inspira a los alumnos a creer en sí mismos y a hacer el bien.
En mi niñez, esa persona fué la Hermana Gwendolyn. Un manojo de energía concentrada de apenas un metro cuarenta de estatura, en mi escuela primaria de Erie, Pennsylvania. Su pasión se sentía no sólo en la forma en que nos hacía captar las complejidades de las tablas de multiplicar, sino también cómo intervenía cada vez que alguno de nosotros mostraba tendencias dañinas.
Una tarde nevada, a la salida de la escuela, iba yo a mi casa con los libros bajo el brazo y caminando en la nieve con dificultad, cuando Bobby, el matón de la clase, me empujó de atrás haciéndome caer de nariz sobre la vereda cubierta de hielo.
Y algo en mi explotó. Me volví hacia él con tal furia que me sorprendí a mí mismo como lo sorprendió a él. Con mis escasos 30 kilos llenos de ira, me abalancé sobre mi robusto atacante, lo eché al suelo y me monté encima golpeando su cabeza contra el hielo. Pero no por mucho tiempo.
Envueltos en una ráfaga de velos negros y cuentas del rosario, Bobby y yo fuimos levantados del suelo por las orejas. La Hermana Gwendolyn nos había visto y se abrió camino entre las dunas de nieve para arrastrarnos de vuelta a la escuela. Fué toda una escena. La Hermana se enderezó el velo, que casi había salido volando durante la refriega, cerró la puerta, se volvió a nosotros y casi sin aliento dijo: "¡No quiero saber quién empezó la pelea, ni oir acusaciones! Pero tengo una pregunta: ¿no saben acaso que son hermanos?"
"¡El no es mi hermano!" Me apresuré a protestar. "Mi hermano es Dennis, y él está en otra clase!" Pero ella se mantuvo firme. "¡Por supuesto que Bobby es tu hermano! Si Dios nos hizo a todos, quiere decir que es nuestro Padre. Y si es nuestro Padre, ¿no somos entonces herma-nos y hermanas? Por lo tanto, Bobby es tu hermano".
Fué toda una revelación. Cada día durante la hora del almuerzo, nos hizo sentar a Bobby y a mí en clase y nos hizo hablar sobre nuestras familias, nuestros hobbies, nuestros temores, lo que nos gusta y lo que no nos gusta. Y a partir de ahí comenzamos a pensar diferente, el uno del otro. Poco a poco las fricciones fueron desapareciendo y nos convertimos en grandes amigos.
La intervención de la Hermana Gwendolyn toca un tema doloroso que nos afecta a todos la epidemia de violencia que está invadiendo la vida de nuestros niños, y que nos hace pensar: "¿Pode-mos realmente criar niños compasivos?"
Es una pregunta que nos hacemos aún en comunidades donde el estar seguros y a salvo se ha dado siempre por sentado. West Paducah, Kentucky; Jonesboro, Arkansas; Springfield, Oregon; Edinboro, Penssylvaniacerca de mi pueblo. ¿Es ingenuo pensar que estas tragedias se puedan tornar en hechos positivos?
Algo, sí, es seguro. No hay pesimismo ni temor que pueda lograr un cambio. Lo que me alienta es la acción positiva y práctica: de los 2100 estudiantes en Centerville High, en Clifton, Virginia, 350 participan en grupos de apoyo donde, entre otros temas, analizan cómo neutralizar la ira. En la escuela primaria St. Clements, de Saratoga Springs, Nueva York, los estudiantes de una escuela secundaria católica enseñan a los niños, mediante juegos y títeres, cómo evitar que el conflicto aumente y se torne en violencia.
La solución reside dentro de cada uno de nosotros. Como dicen las Escrituras: "No te dejes vencer por el mal, al contrario, vence con el bien el mal".
Para obtener una copia gratis de ECOS Cristóforos S-199 "Hablemos sobre la violencia" escriba a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.