
August 27, 1999
La Columna Vertebral les trae hoy la historia de Ana, una joven hispana que dentro de tres años se graduará de la escuela secundaria. Será una de las integrantes de la clase del año 2000. Los resultados escolares de Ana son ejemplares. Su futuro es brillante. En una de las escuelas más exigentes de su estado, Ana es candidata segura a ingresar en cualquiera de las universidades más prestigiosas del país. Y para el año 2007, habrá realizado su sueño de niña, convertirse en cirujana.
El porvenir de Ana brilla con especial intensidad porque a cientos de miles de muchachas Hispanas como ella, lo que les espera es un futuro oscuro de pobreza, ignorancia y olvido. Menos del 10 por ciento de las compañeras de Ana se van a graduar de la universidad. De hecho, poco más de la mitad de sus compañeras de kindergarten van a terminar la secundaria. Duele decirlo. Pero estos números nos convierten a los hispanos en el grupo de población más ignorante de los Estados Unidos, y por tanto, también en el más pobre.
En medio de uno de los períodos más prósperos de este siglo en Estados Unidos, la comunidad hispana es la única que no mejora económicamente. Y lo más preocupante es que la pobreza se está convirtiendo en una interminable herencia que pasa de padres y madres a hijos e hijas.
Niñas como Ana encuentran enormes obstáculos sociales y económicos que impiden romper esta cadena de pobreza. Por ejemplo, la tasa de natalidad hispana es la mayor del país. Dentro de 10 años, nuestra comunidad será la minoría más numerosas de Estados Unidos. En otras palabras, las familias hispanas tienen que repartir menos recursos entre más miembros. Desde 1993 a 1995 el número de niños hispanos pobres casi se duplicó, del 21 por ciento al 40 por ciento. Peor aún, en 1993, más del 10 por ciento de las jóvenes hispanas entre 15 y 19 años quedaron embarazadas. Son niñas pobres criando a más niñas pobres.
No es sólo injusto sino también cruel tener más hijos de los que una familia puede sostener. Fíjense en esta estadística del Buró del Censo. Las familias hispanas con hijos sufren niveles de pobreza mucho más altos que las familias sin hijos. Al tener menos hijos, los padres tienen más tiempo y recursos para darles una infancia feliz y un futuro prometedor.
Si a nuestros jóvenes les damos las herramientas del éxito, los resultados pueden ser asombrosos. De hecho, ya hay muchas Anas cosechando grandes éxitos en este país. ¿Sabía usted que los negocios de mujeres hispanas es uno de los sectores de mayor crecimiento de la economía de Estados Unidos, o que hay más hispanas que hispanos en posiciones de liderazgo en las empresas del país?
Todos tenemos que arrimar el hombro para romper la cadena que nos mantiene atados al poste de la pobreza. Se lo debemos a cientos de miles de niños y niñas, como Ana.
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