August 1, 2003

Los Solitarios

Cuarenta años de romance tijuanero

Por Mariana Martinez

Unas trescientas personas escuchan en silencio al grupo que abre el concierto-homenaje de esta noche, sentadas en el patio del Palacio Municipal. La mayoría son parejas de personas de 40, 50 años, pero también vienen familias enteras con niños chiquitos y adolescentes muy arregladas. Las luces apenas iluminan el escenario al fondo de un patio, mientras a la derecha, una pantalla muestra fotografías de Tijuana; la bola, el río, la presa, el centro, el mercado Hidalgo… ganadoras en el concurso convocado por la cervecería Tijuana, como parte de las celebraciones del 114 aniversario de la ciudad.

Una joven como de quince años se sube a una silla; levis, top negro con mangas de barbitas y el pelo suelto. Se mece rítmicamente abrazando un cojín bordado con “Los Solitarios” en lentejuelas muy verdes: estamos en el homenaje a una de las bandas más exitosas de música romántica de la ciudad.

Francis Gurriola vino aquí con su cuñado, sobrino y tres hijas –resultó madre de la muchacha de negro– “¿Por qué me gustan Los Solitarios?, pues porque son de mi colonia, yo crecí en la Alemán… oir a Los Solitarios es parte de mi vida: con su música me iba a bailar al Nicte Ha y al Flamingos, que eran los salones de baile más de moda cuando yo era chamaca. No cobraban y te podías tomar sólo una soda y bailar toda la noche, se puede decir que con ellos me enamoré de mi marido, o sea, desde siempre estan conmigo.”

Los solitarios es un grupo de música romántica que nace a principios de la década de los sesenta (1963) en la ciudad de Tijuana, en una de las colonias más viejas de la ciudad llamada La Alemán, cerca de la zona centro. En esa colonia un grupo de cuatro jóvenes decidieron, como tantos otros empezar un grupo musical; El Piky, Rogelio, Beto y Páchos, el cantante, fueron los que dieron nombre a esta agrupación que tocaba en fiestas de la colonia, quince años y poco a poco llegaron a los salones de baile, que junto con los clubes de carros eran la sensación en la ciudad.

Mientras escuchaba a la señora Francis se paró la música, pero ahora se suben al escenario Los Solitarios de ahora, con sus trajes totalmente bordados en color blanco nacarado. Cantan sus éxitos como “Un millón de besos” y “Mi amor es para ti” y ahora la pantalla muestra fotos blanco y negro de los primeros integrantes; sus fotos de la preparatoria; sus primeros conciertos: las fotos para revistas con vestuarios llamativos y psicodélicos van inundándolo todo de cariñosa nostalgia.

La gente no puede más y se sube a la pista (hasta ahora desierta) a los brazos de un amor de entonces, o uno nuevo. A las adolescentes ya las sacó a bailar algún galán que pudo más que la oscuridad y ambos bailan nerviosos, pero bien pegados, a lado de matrimonios que se ven cómodos en los brazos del otro y los ojos cerrados.


Bojórquez y Pepe. Al fondo vemos a Los Solitarios con su cantante “Tocos”.

Los Solitarios empezaron a salir del ambiente “de quince años” en gran medida por la visión de Jesús Femat Esparza, un locutor de radio que en 1961 empezó su propio programa llamado Complacencias en la estación Radio Enciso. En su programa, el señor Jesús ponía en el radio la música de grupos locales que él mismo grababa al ir a sus conciertos y ver el fervor de su público. El programa lleva hasta ahora cuarenta y dos años al aire, aunque ahora es Jesús Bojórquez el locutor del programa, quién fue el presentador de este concierto homenaje. “Yo admiro mucho al señor Femat Esparza por lo que logró hacer con la música de los grupos de entonces, todavía no hay programa en donde no me pidan una canción de Los Solitarios o de Los Moonlights que son también de esa época… y me hablan chamacos que están redescubriendo sus canciones, para dedicárselo a la que les gusta, o sea, todavía se enamoran con ellos”.

Con el tiempo, los integrantes originales de Los Solitarios fueron saliendo del grupo. Los invitaban a tocar por dinero, o se aburrían o tenían que trabajar. Según cuenta Don Pepe, el cuñado de Francis, “el Piky” es uno de los enfermos mentales que vagan por el centro de la ciudad, pidiendo comida. Algunos fans que lo reconocen, todavía le compran unos tacos o le llevan ropa, agradeciendo así por los recuerdos, del porque quedó así, nadie dice nada.

“Yo los conocí a todos cuando era joven – dice Don Pepe– vivían como a dos cuadras de mi casa y ahí nos juntábamos todos los vagos a no hacer nada; yo soy del club de carros Los Duques, de donde salieron los Moonlights, cuando se llamaban Duendes. Nos juntábamos en el Hotel Misión del Sol que ya demolieron…”

Bojórquez, el locutor hace una pausa en el concierto para recordar al baterista, Pablo, que acaba de morir el año pasado, y también para que sepamos todos que “a los solitarios dos rosas los impulsan; la viuda de Pablo y la esposa del cantante, que todavía les organizan eventos y mantienen viva su música”. Entre aplausos, las parejas se vuelven a abrazar y los jóvenes, como sus padres, se atreven a cerrar los ojos al ritmo nostálgico de Los Solitarios.

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