
April 16, 1999
Las imágenes de esos tres soldados norteamericanos capturados en los Balcanes por el ejército serbio rasgaron un torrente de temores y sentimientos en el corazón colectivo de EEUU. Fué la bofetada que nos abrió los ojos a la guerra, y la guerra se cobra sus tributos. Como Latino lo que más me llamó la atención, además de las caras tumefactas por los golpes recibidos, fueron sus apellidos. Dos de ellos el Sargento Andrew Ramírez y el Especialista Steven Gonzales son hispanos. Y esto no los hace ni mejores ni peores que su compañero de fatigasel Sargento Christopher Stone. Los hace iguales.
Las imágenes también me recordaron a un grupo de extraños en un restaurante hace meses que, al ver entrar a una familia latina hablando en español, comenzaron a lamentarse de que "These Latins come to our country just to live off welfare" ("Estos latinos vienen a nuestro país sólo a vivir de la ayuda pública"). Este mito, esta mentira de la "carga hispana", está tan extendido que nuestra verdadera contribución a esta nación queda dolorosamente olvidada. Es por ello nuestro deber recordar que cuando se trata de dar la sangre por la patria por EEUU, los hispanos hemos estado siempre en primera fila.
Empecemos con la Guerra de Independencia norteamericana. Entre 1779 y 1785, el Mariscal Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana española, derrotó a los ingleses en las batallas de Baton Rouge, Mobile, Pensacola, San Luis y Fort St. Joseph. Esta campaña fué una enorme ayuda a las fuerzas de George Washington, y hoy la ciudad tejana de Galveston lleva el nombre del militar español.
Si algún día pasa por Taos, Nuevo Mexico, visite el monumento a los nuevo-mejicanos caídos en la Guerra de Cuba de 1898 fíjense en los apellidostodos hispanos. Resulta que la inmensa mayoría de los famosos Rough Riders, el regimiento norteamericano que luchó heroicamente bajo las órdenes de Theodore Roosevelt contra España, eran descendientes de los españoles que colonizaron Nuevo México y Arizona en los siglos 17 y 18. ¡Qué ironía!
Para entonces, tres latinos ya habían ganado la Medalla de Honor del Congreso, y hasta hoy día, a 35 héroes hispanos más se les otorgaría ésta, la máxima condecoración militar de este país. Doce de ellas fueron recibidas por combatientes de la Segunda Guerra Mundial, un conflicto en el que el pequeño contingente hispano demostró un valor extraordinario. Aún así, en Texas y varios estados más a soldados latinos muertos en combate y condecorados se les negó ser enterrados en el cementerio de la localidad donde residían.
Pero esas humillaciones no acabaron con la tradición de patriotismo y generosidad de la comunidad hispana. En la Guerra de Corea, ocho latinos recibieron la Medalla de Honor y en Vietnam, nada menos que 13. De hecho, la contribución hispana en esa guerra fué portentosa. A pesar de que durante los 60 y los 70, los latinos formaban no más del 5% de la población total, fué hispano el 25% de los caídos en primera línea de fuego. Uno de los monumentos más estremecedores que he visto es el dedicado en Washington a los caídos en Vietnam. Lo forma una muralla en ángulo de granito negro, en la que están inscritos los nombres de los 58,202 norteamericanos muertos en esa guerra. Es difícil encontrar dos renglones seguidos sin un apellido hispano; Anibal Ortega, Jesús Mejía, Arnoldo Carrillo, Juan Nazario, Daniel Villegas y miles más. Y como tributo a todos, recordemos el extraordinario acto de heroísmo que le valió a un tejano llamado Roy Benavídez la Medalla de Honor.
Después de ser rescatado, el Sargento Benavídez se presentó voluntariamente a recobrar el resto de su unidad, todos heridos o muertos, en el frente de batalla. Al bajar del helicóptero y correr hacia sus compañeros entre una granizada de balas y metralla fué herido tres veces. Disparando, corriendo y combatiendo, incluso cuerpo a cuerpo, logró rescatar a todos los heridos. El fuego enemigo le alcanzó en el toráx, la cabeza y las piernas, y a pesar de la extrema gravedad de sus heridas, sólo accedió a refugiarse y escapar en el helicóptero de rescate después de recobrar los documentos secretos que cargaba el líder muerto en su unidad.
Hace unas semanas tuve el honor de asistir a un tributo ofrecido por el Concilio Nacional de La Raza al Sargento Benavidez. Y me rendí a la tentación de preguntarme si ese grupo de extraños en aquel restaurante se estaba refiriendo a la Medalla de Honor del Congreso cuando dijo aquello de la ayuda pública para los hispanos.
Si quiere expresar su apoyo al Sargento Ramirez o al Especialista Gonzalezprisioneros en Serbia o contarnos la historia de algún héroe olvidado, llame gratis a la Red Hispana al 1-888-SU-RADIO, es decir, 1-888-787-2346.