
April 16, 1999
Tantas cosas habían salido mal aquellos días, hace 378 años atrás. El barco Mayflower atravezaba el Atlántico dificultosamente hasta que por fin atracó en Cape Cod, Massachusetts, en lugar del estado de Virginia como estaba previsto. Disgustados y agotados, algunos de los peregrinos amenazaron con separarse de la expedición y crear sus propias reglas. Y apretujados unos con otros en la cabina principal del barco, los pasajeros crearon el Pacto del Mayflowerque no era en realidad una constitución ni una declaración de independencia, sino un acuerdo para trabajar juntos "por el bienestar de todos". Un pacto que significó la semilla del gobierno democrático de los Estados Unidos.
Posteriormente, 328 años después, los miembros de las Naciones Unidas se reunieron luego de la Segunda Guerra Mundial para adoptar la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y desde 1948 ha sido el documento internacional a través del cual seres humanos de la más amplia cultural y política han podido enfocar su atención en la dignidad e interdependencia de los peregrinos actuales en este planeta tierra.
Así como el Pacto de Mayflower, el documento de las Naciones Unidas no impone obligación de ley. Y su éxito depende de que las personas se den cuenta de que no deben dejar en manos de gobiernos o instituciones lo que pueden hacer ellas mismas, con responsabilidad, en la vida diaria.
Al adoptar esta declaración las naciones se comprometieron a buscar el respeto universal por los derechos humanos, aceptando la responsabilidad básica de hacerlo. Y tal como los peregrinos del Mayflower, no sabían cómo lo iban a lograr. Solamente tenían, y continúan teniendo, el contrato "viviente" de su propio compromiso personal.
Uno de esos peregrinos, en la actualidad, es Nelson Mandela, quien hace poco habló a la Asamblea General de la ONU por última vez como presidente de Sudáfrica. El apartheid sudafricano fué una de las afrentas más dañinas del mundo a los derechos humanos. Subrayando la esperanza que recogió de la Declaración de la ONU, Mandela dijo, "La historia y millones de seres humanos en el mundo proclamaron que fué acertado el haber soñado y que nos hayamos esforzado para convertir ese sueño en realidad".
Han pasado ya cincuenta años. El aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos subraya la trascendencia que este sueño tiene para cada uno de nosotros en nuestra vida diaria. Eleanor Roosevelt la esposa del presidente Roosevelt ayudó a dar forma al borrador final de la declaración. Y dijo: "¿Después de todo, dónde comienzan los derechos humanos? En pequeños sitios, cerca de nosotros mismos tan cerca y tan pequeños que no los encontramos en ningún mapa del mundo.
"Y sin embargo son ese pequeño mundo de cada ser humano: el barrio, la escuela o la universidad, la fábrica, la granja o la oficina. Esos son los lugares donde cada hombre, mujer y niño buscan justicia, oportunidad para todos por todos igual, y dignidad sin discriminación. A menos que esos derechos signifiquen algo en esos sitios, muy poco significado tendrán en otros lugares. Sin la acción del ciudadano para sostener esos derechos en nuestra realidad diaria, buscar su desarrollo en el mundo será en vano".
Como los primeros peregrinos, y los que siguieron en nuestro tiempo, cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de hablar, buscar y luchar por el bienestar general. Desde el Pacto del Mayflower hasta la declaración de la ONU, la esperanza del mundo por un futuro mejor continúa dependiendo de hombres y mujeres decididos a ir de las palabras a la acción.
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