April 16, 2004

Comentarío:

El Problema de la Gasolina

Por Humberto Caspa, Ph.D

La avalancha histórica de los precios de la gasolina, que se han disparado recientemente desde $1.50 dólares por galón a principios del mes de febrero hasta $2.34 –está proyectada en $3.00 dólares para el Día del Trabajo—, ha generado un proceso de enjuiciamientos políticos. Todos señalan el dedo acusador, nadie asume responsabilidad de una problemática que, hasta hace poco, era latente. Hoy, los precios elevados de la gasolina se han convertido en un problema serio para el mercado, dado que puede alterar las tasas inflacionarias de los artículos de consumo y los bienes de servicio, ya que muchos dependen de sus derivados. La situación requiere, sobretodo, de la tutela del gobierno federal, la asistencia de los gobiernos estatales, así como también la solidaridad de las empresas petrolíferas y la colaboración de la ciudadanía en general, que finalmente son los beneficiarios directos de los derivados del “oro” negro.

La utilidad global de hidrocarburos en los últimos años se ha incrementado a medida que los usos de este energético han crecido proporcionalmente con el desarrollo económico. La vertiginosa industrialización de los países en desarrollo ha contribuído notablemente al incremento de la demanda de los derivados del petróleo debido a la multiplicación de las plantas productivas. El caso de la República Popular de China, que creció en promedio de 8% en la década de los 1990, es el más conocido; lo mismo que la India y los países de Europa Oriental, como Polonia y Rusia, entre otros. Los recientes datos económicos sostienen que la utilidad global de petróleo crudo es actualmente 29,000 millones de barril al año, un incremento masivo con relación a la década anterior. A la fecha, el precio del crudo está a $38 dólares por barril, un aumento de $16 dólares en comparación al promedio de la década anterior.

Así, parte del problema del incremento del precio de los hidrocarburos está completamente relacionado al proceso global de la economía, donde el individuo común, el consumidor, por mucho que quiera, está fuera de la solución del problema. Esta es una cuestión del Estado, por lo tanto es tarea de los dirigentes políticos ponerse de acuerdo.

Asimismo, en nuestro país 40% de energía que utilizamos diariamente proviene de los derivados del petróleo; de ese total 90% es succionado por la industria de automóviles y sus consumidores. Mientras la ciudadanía continua prefiriendo SUVs y “trocas” gigantes de ocho cilindros, en vez de autos energéticamente rentables, la demanda de gasolina también irá en aumento. En consecuencia, los precios por galón que, en parte son determinados por el mercado, también incrementarán.

Los consumidores raras veces han contemplado los precios elevados de la gasolina como un problema serio a su estabilidad económica. Durante la década de los 1980 y 1990, como se indicó anteriormente, el precio del crudo por barril se mantuvo estable. Ésto, indudablemente influyó para que la gasolina, dependiendo del estado, lugar y empresa distribuidora, estuviera entre $1.10 y $1.60 dólares por galón. Está claro, entonces, que los ciudadanos pueden en un acto consciente y solidario participar de la reducción del precio de la gasolina. Por una parte, haciendo utilidad de otras fuentes de energía que no dependan de los hidrocarburos; y por la otra, tal vez la más simple, procurando adquirir automóviles livianos y de poca utilidad de gasolina.

Finalmente, el incremento del precio del gas también tiene consecuencias oligopólicas. El abastecimiento de gasolina en nuestro país está dominado por industrias petroleras que se guían específicamente por la adquisición de superávit a corto plazo.

Algunas empresas como Shell o Mobil han aprendido a manipular el mercado. En vez de racionarla en tiempos de austeridad energética para depreciar el precio de la gasolina, por medio de la utilización de sus reservas petrolíferas, estas empresas se han dedicado a cerrar algunas plantas operativas y de distribución; aparentemente para incrementar la demanda de gasolina en el mercado. Así mantener o elevar el precio de ese artículo. La Empresa Shell, por ejemplo, anunció que va a cerrar una de sus refinerías de hidrocarburos en Bakersfield, la cual provee el 2% de gasolina y 6% de diesel en el estado de California. Esta actitud es, por supuesto, una falta de sensibilidad con la población californiana y con los consumidores del país en general. Requiere que la gente, particularmente los dirigentes políticos, actúen de manera propicia para que estas empresas, en vez de cerrar sus refinerías, exijan, no solamente su apertura sino también la utilización de sus reservas.

La crisis actual de la gasolina proviene de una combinación de factores. No existe una “varita mágica” para la solución del incremento de sus precios, requiere de una respuesta conjunta, sobre todo de los dirigentes políticos, ya que se configura a partir de una lógica del Estado y del mercado.

Humberto Caspa, Ph.D., Especialista en temas Políticos y Económicos.

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