
April 2, 1999
Un Minuto Con El Obispo Gilberto
ChavezAleluya, Aleluya. El Señor ha resucitado Salmo 23. El Señor tiene una nueva forma, una vida distinta al resucitar. El desea compartir su triunfo con nosotros que caminamos a la nueva Jerusalén donde el Padre nos espera.
Este día es de júbilo, de triunfo, de victoria, de saltar con alegría pues la muerte y el pecado han sido vencidos. Hoy nos llenamos de su espíritu nuevo, de alegría espiritual porque nuestro guía nos invita a salir de la sepultura y dejar las vendas y sudario de nuestros pecados para gritar la victoria sobre este mundo.
Hoy nos reunimos con la familia también para reconocer los triunfos de nuestra fe sobre el pecado. El Señor nos ha ayudado para celebrar con fe este gran día con la familia. Si somos buenos es por la gracia de Dios. Si somos malos o indiferentes, es por nuestra culpa.
En muchas familias se visten con los colores de la primavera. Decoramos la casa con azucenas, otras flores, velas, huevitos, galletas, dulces, colaciones, carne asada y otros platillos suculentos dignos de este gran día. Este año 1999 es el último antes de entrar al tercer milenio. Este tiempo es importante pues el Señor nos llama y se hace presente en nuestro mundo, comunidad y familia. Nuestro mundo estuviera peor sin su presencia. El caos y la muerte reinan sin el Señor.
En nuestro ambiente nota-mos una situación muy compleja de bondad y de pecado. Las contradicciones del pueblo nos indican claramente que necesitamos al Salvador, que todos buscamos nueva vida y que el pecado produce un placer pasajero. Encerrados en la tumba de la maldad no sabemos cómo salir. Pero este día el Señor nos dice aquí estoy victorioso para sacarlos de las tinieblas a la luz de Cristo resucitado.
Hoy, este día especial, el Señor nos llama por nombre para que abramos nuestros corazones al Señor. El es la liberación auténtica que necesitamos para gozar de una nueva vida. El es la verdadera luz que desea siempre iluminar nuestras vidas dándonos esperanza, fortaleza y sabiduría para vivir una vida profunda y real.
Hoy podemos ver la vida y sus problemas con un tono de paz y esperanza. Que sí se puede vencer el pecado y la muerte con la gran ayuda del Señor. El hace todo con amor incondicional a nosotros para que aprendamos a elevar nuestras vidas a ese nivel del amor que es entrega y servicio.
Que el júbilo de este día cambie nuestros corazones por el Señor resucitado.