May 29, 2009

ANALISIS

Miguel de la Madrid...

por Dagoberto Márquez

( Segunda Parte )

Como dijimos, MM gobernó de 1982 a 1988, durante una época donde se transitaba del México nacionalista y de alguna manera post revolucionario (aunque a todas luces ya moderno) a uno de modelo y corte más liberal donde incluso empezó a hablarse de liberalismo social, una suerte de doctrina política de la cual se hablaría mucho más poco después. Bajo esa lógica se impusieron criterios acorde a necesidades que orillaban a la creación de más dispositivos y de nueva infraestructura con lo cual se hizo posible una serie de reformas que abarcaron desde la actividad económica hasta la política por igual. De esa manera y así sea ésto sólo una opinión y no una relatoría, el sexenio de MM se distinguió por poner en práctica un nuevo código inexistente tiempo atrás.

Le llamaron el asunto de la Renovación Moral pero en realidad fue una iniciativa que culminó en ley. Me refiero a la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos, un dispositivo de carácter legal que hizo posible la transparencia, así fuera a medias, de la forma de vida de los funcionarios y empleados de cierto rango en este país. Dicha ley obligó a la mesura no obstante la crítica, el sarcasmo, la ironía y la mordacidad de quienes, no conformes con su implantación (aplicación), cuchicheaban con la idea de que “críticos” y escribanos descalificaran la medida que, de alguna manera, hizo posible que la clase política y burocrática no se siguiera “hinchando” aunque siempre había vías para eludir la ley. De esa forma, quienes formábamos parte del poder ejecutivo federal en cualquiera de las entidades o el nivel central, tuvimos la obligación (por ley) para presentar anualmente una declaración de situación patrimonial, una declaración detallada cuyo principio rector descansaba en ley expresa que sólo la perversión y la frivolidad política hicieron que se relajara, al grado de que se le perdió respeto e interés.

De la misma forma, así hubiere inconsistencias y limitaciones, el gobierno de MM se preocupó por los aeropuertos, por las universidades públicas, por la educación, los caminos, las relaciones con otros países, el turismo, por los sistemas de abasto popular y el acopio de granos, por la agricultura, la minería, la salud y la producción. De tal manera que con esa visión se impulsó, desde ese entonces, no sólo la red ferroviaria (que después de reforzarse se privatizó) sino la de autopistas federales, iniciándose la construcción de la México-Acapulco a partir del tramo que comprende desde Cuernavaca, Morelos hasta el puerto, a iniciativa persistente de José Francisco Ruiz Massieu. Obviamente, en una lógica economicista que se abría cada vez más y, toda vez que las finanzas no eran sanas ni equilibradas incluso, la construcción de que hablamos así como la construcción de otros tramos en el país, se autorizó bajo la fórmula de inversión mixta, bajo la lógica de la participación del Estado mexicano así como de la iniciativa privada nacional. Esto no sólo se vio como bueno sino que en los gobiernos siguientes se amplió a grado tal que ahora transitamos por una muy amplia red de carreteras de 4 carriles en muchas partes del país, aunque la verdad sea dicha, no todo ha sido bueno porque las tarifas o cuotas por el uso de las autopistas no son sinónimo de popularidad ni de solidaridad social.

Sin embargo, más allá de cosas tristes y de cosas buenas, hubo momentos de tensión, momentos que ensombrecieron el discurrir de aquél gobierno si nos atenemos a que existe la posibilidad de que la actividad del narcotráfico haya empezado entonces a infiltrar a la autoridad federal. Desde ese punto de vista hubo sospechas de que capos poderosos y organizados compraron algún tipo de impunidad, vaya usted a saber con quién o ante quién pero el caso es que desde aquél entonces se generaron tensiones si recordamos dos episodios que ensangrentaron la actividad política de la época y me refiero al asesinato de un agente méxico-americano (Enrique Camarena Salazar) así como al crimen de que fue objeto don Manuel Buendía, un afamado periodista especializado en asuntos de tipo político pero también un tantos cruentos por demás. Fuera de estos episodios, contra el gobierno de MM no hubo críticas ni sojuzgamiento por lo cual es válido decir que en comparación con los posteriores, el gobierno de don Miguel de la Madrid fue bueno, así, sin más.

Pero todo llega a su fin. En las postrimerías del gobierno de MM y como muestra de que durante el mismo se hizo un esfuerzo para tratar de oxigenar la vida política del país, hubo una suerte de competencia interna por la candidatura del partido para sopesar y convalidar tanto las propuestas como la presencia y personalidad de aspirantes.

En esa tesitura, democrática y nueva para la propia época, compitieron por así decirlo, Alfredo del Mazo, Manuel Bartlett Díaz, Miguel González Avelar, Ramón Aguirre Velásquez y Carlos Salinas de Gortari. Era la época donde se transitaba del verticalismo absoluto, al más o menos sano equilibrio político en los usos y abusos del poder. Era la época donde en teoría se estaba dejando atrás la abusiva y autoritaria decisión presidencial para pasar a un estado más democrático y se refrendó con un acto por demás juicioso que daba muestras de tolerancia política al interior, al interior del partido que no gustaba de la competencia real por el ejercicio del poder. En esa lógica y así haya sido para sólo cubrir las formas, no obstante que la ponencia de CSG fue breve, como de trámite e incluso al final, cuando las cosas parecían favorecer al hombre prudente y cercano a MM, de repente, en un abrir y cerrar de ojos, una semblanza intempestiva por la vía de la televisión de cobertura nacional, ungió como candidato del PRI al gobierno de la República al entonces joven Carlos Salinas, el universitario, ex secretario de la antigua SPP y economista de profesión, dejando un perplejo estado de ánimo entre quienes creían que era el proponente de la reconversión industrial el hombre idóneo para conducir, primero los destinos del partido vía la candidatura y después los del país.

Estimado lector, Fina lectora, ignoro hasta qué punto estén ustedes informados pero las cosas ocurridas son delicadas por mucho más que una sola razón. Si bien es cierto que existe el dicho que reza que “Uno propone, pero Dios dispone” existe otro que indica que “Aunque Dios dispone, llega el diablo y todo lo descompone” y si bien no se trata de esoterismo ni de dichos, la verdad es que merced a decisiones complejas y confusas, a veces la nación se nos va de las manos en la medida de que no todas (las decisiones) se toman con frialdad, conocimiento, temple y rigor. Se dice esto porque ocasionalmente nuestras decisiones se toman “al vapor”, ingenua y tozudamente en aras de consensuar, en aras de un populismo equivocado o en aras de quién sabe qué pero erróneamente y esa condición, triste porque afecta, nos embarga hasta el día de hoy. Tal es el caso que nos ocupa, tal es el caso de la insólita y nunca esperada declaración del ex presidente Miguel de la Madrid. Sí señor, en aras de un dejo de sinceridad posible pero tardío, el ex mandatario de nobles convicciones al que muchos estimamos un hombre serio y no gris, ha dicho con todas sus letras lo que dijo y no hay ni para dónde correr. Me explico, las palabras del ex presidente calaron de tal forma que hubo reuniones en ambas cámaras legislativas (de priístas, lógicamente) que, acicaladas o azuzadas, como usted quiera verlo, obligaron literalmente al ex mandatario a firmar una carta contradiciéndose respecto de lo declarado 4 semanas atrás.

Y no fue para menos, las declaraciones divulgadas por Carmen Aristegui no son cosa menor. De acuerdo con lo relatado por una parte de la prensa de cobertura y penetración nacional, las palabras de MM amenazaban con tumbar la más o menos buena posición que en lo nacional muestra el trabajo político priísta y tal cosa es impensable para quienes desean el retorno al poder. Si usted piensa que no es para tanto porque las declaraciones hacen alusión a diversos asuntos y sólo en lo que toca al ex presidente Salinas son explosivas, se equivoca. Se equivoca porque dicha explosividad sí amenaza con el resto de votos vista la cosa desde un punto de vista superior, de cúpula y de dirección política de una organización. Sin embargo, más allá de una cuestión de cuestionamientos por avatares político-partidistas, está la esencia, la esencia misma, la esencia de las palabras ubicando un contexto que, nos guste o no, es tremendo porque tremendo es el hecho de que un ex presidente diga lo que MM dijo a Carmen Aristegui, no obstante los esfuerzos por clara intimidación hechos contra el ex mandatario, lo cual, se dijo, fue lanzado por el ex presidente Salinas a través de “uno” de quienes casi de inmediato, apenas esparcida la divulgación, se aprestaron para ir a ver a don Miguel, el hombre bueno que en lo personal creo que es, para hacerlo “rectificar”.

Pero no hay duda, don Miguel de la Madrid no es un hombre mal intencionado. Tampoco un hombre achacoso por los estragos de la edad. Menos un hombre con padecimientos de locura, senilidad prematura o cosas así. Su problema es de enfisema pulmonar y, la verdad sea dicha nuevamente, podría padecer serios quebrantos en su salud, por esa razón, pero no más. Para concluir, se dijo también que de acuerdo a la opinión de un neurólogo experto, la voz de don Miguel de la Madrid se escuchó bien, normal. En esa lógica, el hombre entrevistado por Aristegui fue directo, tácito, coherente, no el enfermo senil que algunos nos quieren hacer creer.

Finalmente...

¿Usted escuchó el audio, por algún medio...? ¿Usted escuchó el desarrollo de la entrevista...? Este opinante sí lo hizo...

Es todo.

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