Febuary 2, 2007

La tortilla: golpe a los pobres en México

ANÁLISIS

Por Dagoberto Márquez

La producción de granos básicos en México se caracteriza por dos cosas principalmente: por tener como el grano más importante al maíz, primeramente, y por ser deficitaria en la producción de este, en segundo término. Si usted se creyó el cuento de que producíamos lo suficiente, ahora ve que aquello fue una vil mentira, una más de las muchas a que nos tenían acostumbrados. Y no se vaya con la finta, no hemos “abierto” la puerta a las importaciones porque ésta nunca se ha cerrado, así de simple. Dicho en otros términos, México compra maíz a los Estados Unidos y ocasionalmente a otros países desde hace mucho tiempo y no ha dejado de hacerlo por la simple y sencilla razón de que lo necesita dadas las pésimas decisiones que se han tomado con respecto al campo. Ahora bien, al margen de tanta especulación informativa, vamos a intentar explicar, así sea brevemente, qué pasa en relación con el brutal incremento en el precio de venta de la tortilla, el más importante y sagrado de nuestros alimentos en esta región del planeta. ¿Le parece...?

Bien, por si no lo sabe, en México producimos diversos tipos de maíz, de manera que nuestros inventarios se componen de maíz blanco, maíz pinto, maíz morado, maíz amarillo, maíz pozolero, maíz criollo, maíz híbrido, etcétera. De acuerdo con la percepción de este opinante, en México producimos algunas decenas de millones de toneladas y las regiones abastecedoras más importantes se localizan en el noroeste, el occidente así como en parte del centro del país. El norte, el sur y el sureste también producen aunque no en términos similares, a excepción de Chiapas por supuesto. En Guerrero por ejemplo y de acuerdo a las cifras que generalmente nos endilgan, se produce alrededor de un millón de toneladas anualmente. Cuentas alegres dicen algunos, pero bueno. Ahora bien, la gran mayoría del grano que producimos es de temporal, es decir, dependemos de los buenos y de los ordenados ciclos de lluvia para poder hacerlo. Cuando tenemos ciclos malos o desordenados, la producción de maíz sufre las consecuencias. Para conocimiento vuestro, este opinante proviene del que fuera el Sistema Conasupo, es decir, de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares, el aparato regulador del Estado en materia de granos en México, ahora inexistente lamentablemente. Conasupo tuvo diversas filiales, todas dedicadas a la observancia, al acopio y a la regulación de precios, razón por la cual su existencia fue más que importante.

Estimado lector, Fina lectora, la impactante noticia relativa al incremento en el precio de la tortilla tiene su origen en el desorden provocado por la falta de aquél ente regulador, lo cual nos tiene ahora frente a disturbios sociales impredecibles. Para que usted lo comprenda rápidamente, déjeme decir que el aumento de precio a la tortilla, nocivo en sí mismo por las condiciones de pobreza y de miseria que todavía padecemos, es el resultado de dos o tres cosas principalmente: a saber, por la insuficiencia de maíz en que por desatención al campo nos encontramos, a saber, por las prácticas monopólicas y de acaparamiento que en los últimos tiempos se han fomentado y, a saber también, por la falta de regulación oficial en que ahora estamos como consecuencia del bárbaro gusto por el libre mercado impuesto por nuestros gobernantes desde hace ya varios años. Todo esto amalgamado trajo como consecuencia la escasez del grano, la especulación en esta materia así como la actual y burda intentona por el aumento de precio a la tortilla, lo cual aún no está del todo consumado realmente. El déficit de maíz con que contamos puede estimarse en unos diez millones de toneladas anuales. El déficit se cubre, a falta de incentivos y apoyos a la producción nacional, con importaciones, naturalmente. Los otros granos que México produce son fríjol, arroz, trigo y soya. De los granos forrajeros, y del azúcar que también podría sufrir alteraciones en su precio, la lógica es otra y nunca podrán tener comparación con el maíz, dadas las características y necesidades sociales y culturales que tenemos.

Por si lo ignora, las decisiones tomadas en el pasado mediato trajeron como consecuencia los graves problemas que hoy tenemos. El relacionado con la producción agrícola debe entenderse como diverso y complejo porque no sólo se remite a la insuficiente atención a la producción de maíz y sus repercusiones inmediatas, sino, también, a otras cosas como la importante reducción de áreas cultivables, al cambio de cultivos con finalidades meramente empresariales (hortalizas para exportación, en lugar de maíz para consumo nacional), a la venta de empresas paraestatales federales como Miconsa y Triconsa a industriales inescrupulosos y voraces, a la tolerancia a prácticas perniciosas y monopólicas, etcétera. En todo este entramado sobresale la sucia presencia de personajes rapaces como “el maseco” (Roberto González Barrera, a quien desde el gobierno de Carlos Salinas se le vendió Miconsa), quien junto con otras empresas productoras de harina de maíz y alimentos chatarra (minsa, frituras, sabritas, pepsico) se han aprovechado literalmente de la situación, haciéndose de grandes fortunas, a partir de acaparar buena parte de la producción del grano con fines meramente mercantiles, sin sentido ni propósito social alguno, valiéndoles madre que con ello se vulnere la necesidad y la salud popular, y todo esto con la com-placencia de las cómplices autoridades. Una de las repercusiones de estas prácticas nocivas la estamos viendo ahora, con la escasez de grano y la especulación con el precio de la tortilla.

Dicho en términos más claros, el incremento de precio del que hablamos tiene su origen en la corrupción que padecemos. Esto es así porque desordenados y desobligados como hemos sido en México, hemos permitido la imposición de medidas y muchas han sido insensatas, torpes e impopulares, al grado de que se ha desatendido el rubro más importante con que contamos y este es el de la autonomía alimentaría. Todo gracias al nuevo conservadurismo (neoliberalismo) con que contamos. Desde este punto de vista, llegó la hora de rectificar, so pena de pagar por los platos rotos. Para poder hacerlo se requiere implementar nuevas medidas que traigan como resultado el aumento de la producción hacia los siguientes años, la supresión de prácticas nocivas para el pueblo y por último la instrumentación de políticas que abran paso al mecanismo de regulación que nunca debió haberse cancelado. Si no se hace todo esto, pueden surgir graves y adicionales problemas porque la soberanía en materia de alimentos básicos podría estar en juego. Por lo pronto ya tenemos uno nuevo, el reclamo por lo que se considera injusto, el insensato e insensible aumento a la tortilla, un duro golpe para todos pero más para los más pobres en México.

Sí señor, un asunto que habla de la insensibilidad y de la estupidez de estos nuevos gobiernos.

Es todo.

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